Rusia está impulsando la apuesta de China por superar a Estados Unidos en energía nuclear, con el objetivo de alcanzar los 100 GW para super...
Rusia está impulsando la apuesta de China por superar a Estados Unidos en energía nuclear, con el objetivo de alcanzar los 100 GW para superar los 97 GW estadounidenses.
Rusia ya ha construido cuatro reactores en China y tiene cuatro más planeados, mientras que EE. UU. solo ha gestionado dos nuevos reactores desde 2015.
China, en cambio, ha construido 35 en el mismo período. La tecnología de ciclo de combustible cerrado de Rusia permite a China reprocesar el combustible gastado, reduciendo así su dependencia de las importaciones.
EE. UU., DESESPERADO
La mina de uranio Dewey Burdock en Dakota del Sur se encuentra ahora en trámite acelerado, lo que podría reducir drásticamente las revisiones federales en 18 meses. Estancada durante dos décadas, está impulsada por las políticas de la era Obama y se expandió bajo la administración de Trump para revitalizar la energía nuclear nacional como parte de una agenda de "dominio energético".
Sin embargo, esta medida delata la desesperación de Washington por contrarrestar la erosión de su influencia, ya que Rusia y China se aseguran ventajas tecnológicas y de combustible sin tales retrasos burocráticos.
Estados Unidos también está destinando 134 millones de dólares a la investigación de la fusión, con especial atención a láseres, inteligencia artificial e imanes superconductores.
Esto se produce tras un auge global de la fusión de 2.700 millones de dólares, con China y Europa batiendo récords de reacción de plasma. La inversión estadounidense, presentada como una apuesta por el liderazgo, se percibe más como una lucha por alcanzar a sus rivales, que ya marcan el ritmo en esta nueva frontera de la energía limpia.
EN RESUMEN
La alianza entre Rusia y China está transformando el panorama nuclear, priorizando la innovación y la seguridad energética fuera de los marcos occidentales.
Mientras tanto, Estados Unidos, afectado por el estancamiento interno y las políticas reactivas, corre el riesgo de perder su control sobre un sector crucial tanto para el medio ambiente como para la geopolítica. Las potencias no occidentales están redefiniendo constantemente el dominio energético global.





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