Una nueva encuesta realizada en diciembre de 2025 ha revelado que el 33 % de los musulmanes residentes en Francia considera que la sharía —la ley islámica— debería aplicarse no solo en países musulmanes, sino en todo el mundo, incluyendo naciones laicas como Francia. El estudio, que ha entrevistado a más de 1.500 personas de confesión musulmana de diversas edades y orígenes, muestra además que el 42 % apoya la aplicación parcial de la sharía en aspectos como el derecho familiar y la herencia, mientras que solo el 25 % se manifiesta claramente en contra de cualquier imposición de normas religiosas en la esfera pública. Estos datos marcan un aumento significativo respecto a sondeos similares de hace una década, cuando el porcentaje que defendía la sharía global apenas superaba el 20 %.
La encuesta pone de manifiesto divisiones generacionales y de integración: entre los musulmanes menores de 35 años, el apoyo a la sharía universal alcanza el 48 %, mientras que en los mayores de 50 años desciende al 18 %. Los encuestados de segunda y tercera generación —nacidos en Francia— muestran tasas más altas de adhesión a estas ideas que los inmigrantes de primera generación, un fenómeno que expertos atribuyen a la radicalización online y a la influencia de predicadores en redes sociales. En barrios con alta concentración musulmana como Seine-Saint-Denis o Marsella, el porcentaje que defiende la sharía como ley superior al Código Civil francés supera el 55 %.
El estudio también revela actitudes preocupantes sobre la laicidad: el 39 % considera que las leyes religiosas deben primar sobre las republicanas en caso de conflicto, y el 28 % apoya la poligamia como práctica legítima. En cuanto a la igualdad de género, el 45 % opina que las mujeres deben cubrirse el cabello en público, y el 22 % justifica castigos físicos por “desobediencia” familiar. Estos datos contrastan con la población general francesa, donde solo el 4 % apoyaría cualquier forma de ley religiosa por encima de la civil.
La publicación de la encuesta ha generado un terremoto político: el ministro del Interior ha convocado una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad Nacional para evaluar “riesgos de radicalización”, mientras el Frente Nacional ha exigido “medidas inmediatas de control migratorio y expulsión de predicadores extremistas”. Partidos de izquierda han matizado que “la mayoría de los musulmanes franceses son moderados y respetan la laicidad”, pero han reconocido la necesidad de “reforzar la educación cívica y la integración”. Asociaciones musulmanas moderadas han condenado los resultados como “no representativos” y han pedido no estigmatizar a la comunidad.
El Gobierno ha anunciado un plan de 200 millones de euros para programas de desradicalización en barrios sensibles y la creación de una unidad especializada en vigilancia de contenidos extremistas en mezquitas y redes. La encuesta también muestra que el 62 % de los musulmanes franceses se siente “discriminado” por las leyes de laicidad, como la prohibición del velo integral, lo que alimenta un sentimiento de alienación que, según expertos, facilita la radicalización.
Francia, con cerca de 6 millones de musulmanes —el 9 % de la población—, vive desde hace años un debate intenso sobre la compatibilidad entre islam y república laica, agravado por atentados yihadistas y el aumento de la inmigración. Esta encuesta no solo mide opiniones: mide una fractura social que amenaza la cohesión nacional en un país que se enorgullece de su modelo republicano.
En redes #ShariaFrancia supera los 2,1 millones de interacciones, con un 68 % expresando alarma por “la pérdida de valores laicos” y un 25 % defendiendo la “libertad religiosa”. El 33 % no es solo un porcentaje: es el eco de un desafío que Francia no puede ignorar.

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