Arabia Saudí ha anunciado una medida histórica que permite a los residentes extranjeros con salarios mensuales superiores a 13.000 dólares (aproximadamente 12.000 euros) comprar bebidas alcohólicas en tiendas especializadas controladas por el Estado, rompiendo con siete décadas de prohibición absoluta y abriendo una grieta en el rígido código wahabí que rige el reino desde 1932. La decisión, detallada en un decreto real emitido por el Ministerio de Comercio y publicada en el Boletín Oficial Umm al-Qura, establece que los expatriados calificados —principalmente ejecutivos de multinacionales, diplomáticos y profesionales de alto nivel— podrán adquirir un límite mensual de 12 botellas de vino o licores, con licencias anuales renovables sujetas a verificación de ingresos y antecedentes penales. Esta apertura, que excluye a los ciudadanos saudíes y a los trabajadores de bajos salarios, responde a la estrategia de diversificación económica de Mohammed bin Salmán (MBS) y busca atraer talento internacional al Vision 2030, pero ha desatado un torbellino de reacciones entre conservadores y reformistas.
El nuevo régimen, que entrará en vigor el 1 de enero de 2026, requerirá que los solicitantes presenten su contrato laboral, pasaporte y un certificado de no adicción, y se aplicará inicialmente en zonas de alto poder adquisitivo como Riyadh Park, King Abdullah Economic City y el distrito financiero de Yida, donde residen el 65 % de los 1,2 millones de expatriados cualificados. Las tiendas, gestionadas por la Comisión General de Alimentos y Medicamentos (SFDA), venderán vinos franceses, whiskies escoceses y ginebras holandesas a precios controlados —un Rioja reserva a 45 riyales (10 euros) y un Johnnie Walker Blue Label a 1.200 riyales (260 euros)—, con un impuesto del 25 % destinado a fondos de rehabilitación y desarrollo social. MBS ha justificado la medida como "un paso pragmático para competir globalmente", recordando que países vecinos como Emiratos Árabes ya permiten alcohol en hoteles para turistas.
La noticia ha generado un cisma social: en las mezquitas de Riyadh, imanes han calificado la apertura de "traición a la sharia", mientras que en círculos liberales de Yeda se celebra como "el fin de la hipocresía". Las redes saudíes, censuradas durante horas, han visto un estallido de 2,1 millones de menciones con #AlcoholEnArabia, divididas entre un 58 % de rechazo y un 35 % de apoyo. La policía religiosa (mutaween) ha convocado protestas en La Meca para el viernes, y el Consejo de Ulemas ha pedido una fatwa contra el decreto.
Económicamente, la medida podría generar 1.200 millones de riyales anuales en ventas y atraer 15.000 expatriados de alto nivel en 2026. Socialmente, tensiona la cohesión en un reino donde el 70 % de la población es menor de 30 años y el 40 % rechaza la prohibición. Políticamente, fortalece a MBS como reformador audaz, pero arriesga una revuelta conservadora. Arabia Saudí no solo vende alcohol: vende un futuro menos puritano, y el precio podría ser alto.

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