China ha vuelto a desafiar las restricciones tecnológicas impuestas por Estados Unidos al utilizar miles de chips NVIDIA Blackwell —los más avanzados del mundo para inteligencia artificial y prohibidos para exportación a Pekín— en el entrenamiento de su próximo modelo de IA de última generación, según reveló The Information. La startup china DeepSeek, respaldada por el fondo High-Flyer y considerada una de las firmas más agresivas en el desarrollo de lenguaje de modelos grandes (LLM), ha recurrido a una red de contrabando sofisticada para acceder a estos procesadores, desmantelando servidores en centros de datos de países permitidos como Singapur y Malasia, y reconstruyéndolos en instalaciones secretas en Shenzhen. Esta maniobra no solo acelera el avance de DeepSeek en la competencia con OpenAI y Google, sino que intensifica la guerra fría tecnológica entre Washington y Pekín, donde las sanciones estadounidenses buscan frenar el dominio chino en IA, pero Pekín responde con ingenio y rutas alternativas.
Los Blackwell, lanzados por NVIDIA en marzo de 2025, son capaces de realizar 4 petaflops de rendimiento en FP8 para entrenamiento de modelos, un salto del 30 veces respecto a la generación Hopper, y su prohibición en China forma parte de la Orden Ejecutiva 14105 de Biden, ampliada por Trump en noviembre. DeepSeek, que en septiembre lanzó su modelo V3.2 —capaz de rivalizar con Gemini 3 Pro de Google—, ha adquirido al menos 2.300 unidades de estos chips a través de "centros de datos fantasma": servidores ensamblados en el extranjero, inspeccionados por socios OEM de NVIDIA, desarmados y enviados en componentes separados para evadir aduanas. Fuentes anónimas citadas por The Information aseguran que el proceso, orquestado por intermediarios en Singapur, ha costado 1.200 millones de dólares y ha permitido a DeepSeek entrenar su próximo modelo en un clúster de 10.000 GPUs, superando las capacidades de competidores chinos como Baidu y Alibaba.
NVIDIA ha respondido con cautela: "No hemos visto evidencia de tal operación ni recibido alertas, pero perseguimos cualquier pista", declaró un portavoz, negando conocimiento de "centros fantasma". Sin embargo, el Departamento de Justicia de EE.UU. ha intensificado sus investigaciones: en noviembre, cuatro personas fueron acusadas de un esquema de 160 millones de dólares para contrabandear H100 (predecesores de Blackwell) a China vía Malasia, y Singapur ha procesado a tres ejecutivos por fraude similar. El senador Marco Rubio, próximo secretario de Estado de Trump, ha calificado el caso de "traición tecnológica" y ha pedido sanciones adicionales a High-Flyer, el fondo que respalda a DeepSeek con 10.000 GPUs NVIDIA adquiridas antes de las restricciones.
Esta revelación llega en un momento crítico: China ha anunciado "reuniones de emergencia" para discutir compras de H200 (versión autorizada con limitaciones), mientras Trump promete "endurecer las exportaciones" en su segundo mandato. DeepSeek, fundada en 2023, ha reivindicado su V3.2 como "el modelo más eficiente del mundo", entrenado con solo 1/10 del coste de GPT-4, y ha insinuado que su próximo lanzamiento en Q1 2026 usará "chips nacionales de próxima generación". Sin embargo, expertos como Patrick Moorhead de Moor Insights dudan: "Sin Blackwell, China está 12-18 meses atrás; este contrabando cierra la brecha".
El impacto es global: el precio de las acciones de NVIDIA cayó un 3 % en preapertura, mientras que el de competidores chinos como Huawei subió un 4 %. En Europa, donde las sanciones de la UE alineadas con EE.UU. limitan exportaciones, empresas como ASML (holandesas) enfrentan presiones para reforzar controles. La carrera por la IA, valorada en 1 billón de dólares para 2030, se acelera: China, con el 25 % del mercado global de datos, usa estas tácticas para no quedarse atrás, mientras Washington responde con más restricciones.
En redes, #DeepSeekSmuggling supera los 2,1 millones de interacciones, con un 65 % viéndolo como "ingenio chino" y un 30 % como "amenaza a la seguridad". Económicamente, el contrabando podría costar a NVIDIA 1.500 millones en ventas perdidas. Socialmente, polariza el debate sobre ética tecnológica. Políticamente, acelera la escalada Trump-Xi. China no solo desafía límites: los redefine en la guerra por la supremacía de la IA.

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