Orense ha dado un paso histórico al eliminar por completo la Ordenanza Reguladora de Aparcamiento (ORA), permitiendo a los ciudadanos apa...
Orense ha dado un paso histórico al eliminar por completo la Ordenanza Reguladora de Aparcamiento (ORA), permitiendo a los ciudadanos aparcar en la vía pública sin coste alguno a partir del 1 de enero de 2026. La decisión, aprobada por el pleno municipal con los votos a favor del gobierno local y parte de la oposición, supone el fin de un sistema que regulaba el estacionamiento en el centro y zonas concurridas desde hace más de dos décadas. Los conductores ya no tendrán que pagar las tarifas horarias ni preocuparse por los tickets o las multas por exceso de tiempo, lo que ha sido recibido con euforia por miles de vecinos que ven en esta medida un alivio directo a su economía familiar y una mejora en la calidad de vida diaria.
El Ayuntamiento de Orense ha justificado la supresión de la ORA como una respuesta a las demandas ciudadanas y a la necesidad de dinamizar el comercio local, que en los últimos años había denunciado una caída en las visitas al centro por el coste y la complicación del aparcamiento regulado. La eliminación afecta a todas las zonas azules y verdes de la ciudad, liberando más de 5.000 plazas que ahora serán de uso libre. Para compensar la pérdida de ingresos —que rondaban los 2,5 millones de euros anuales—, el consistorio prevé aumentar la recaudación por otros conceptos, como tasas turísticas y optimización de aparcamientos municipales subterráneos, además de promover el uso del transporte público con nuevas líneas de autobús gratuitas en el casco urbano.
Los vecinos han celebrado la noticia con aplausos en el pleno y mensajes de agradecimiento en redes sociales, donde #OrenseSinORA se ha convertido en tendencia nacional. Comerciantes del centro histórico aseguran que la gratuidad atraerá más clientes, especialmente en fines de semana y periodos de rebajas, mientras asociaciones de conductores destacan que “por fin se reconoce que aparcar no es un lujo”. El alcalde ha prometido que la medida será irreversible y que se invertirá en señalización y mantenimiento de las plazas para evitar el caos.
En el extremo opuesto, Madrid ha aprobado una ampliación masiva de la zona de estacionamiento regulado (SER), incorporando más de 20 nuevos barrios de la periferia y extendiendo los horarios hasta las noches y los fines de semana. La medida, que entrará en vigor en marzo de 2026, afectará a distritos como Carabanchel, Usera, Villaverde, Vicálvaro y San Blas-Canillejas, añadiendo 40.000 nuevas plazas reguladas. Los horarios se amplían de lunes a viernes hasta las 22:00 horas, y se introducen tarifas los sábados por la tarde y los domingos en zonas de alta rotación, con precios que oscilan entre 1,50 y 3 euros la hora según la zona.
El Ayuntamiento madrileño defiende la ampliación como “necesaria para mejorar la rotación y reducir la congestión en barrios que ya sufren problemas de aparcamiento por el crecimiento poblacional”. Los ingresos adicionales, estimados en 80 millones de euros anuales, se destinarán a transporte público y aparcamientos disuasorios. Sin embargo, la decisión ha generado rechazo vecinal: plataformas como “No más SER” han convocado protestas y recogido 50.000 firmas contra lo que califican de “nuevo impuesto al coche” que afecta especialmente a las clases medias de la periferia.
Orense y Madrid representan dos visiones opuestas de la movilidad urbana: una apuesta por la gratuidad que dinamiza el centro y alivia al ciudadano, frente a una regulación más estricta que prioriza la rotación y los ingresos municipales. Mientras los orensanos brindan por un 2026 sin tickets de aparcamiento, los madrileños de los nuevos barrios regulados se preparan para sacar la cartera cada vez que aparquen en su propia calle. La diferencia no podría ser más evidente: en una ciudad el aparcamiento deja de ser un negocio, en la otra se expande como nunca.
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