El Gobierno ha anunciado una nueva regulación que prohibirá la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años, una medida que busca refo...
El Gobierno ha anunciado una nueva regulación que prohibirá la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años, una medida que busca reforzar la protección de la salud infantil y adolescente ante el aumento sostenido del consumo de este tipo de productos. El anuncio fue realizado por Pablo Bustinduy, quien explicó que la normativa irá un paso más allá en los casos de bebidas con un alto contenido en cafeína, ya que aquellas que superen los 32 miligramos por cada 100 mililitros no podrán venderse a menores de 18 años.
Según el ministro, la decisión responde a la evidencia científica y a los datos recogidos en distintos estudios recientes que reflejan una normalización preocupante del consumo de bebidas energéticas entre adolescentes. En concreto, alrededor del 25% de las personas encuestadas reconoce consumir este tipo de bebidas una media de dos veces por semana, un patrón que, en el caso de la población más joven, se asocia a hábitos de riesgo y a una menor percepción de los efectos negativos sobre la salud. A ello se suma un dato especialmente relevante para las autoridades sanitarias: casi la mitad de los consumidores habituales toma al menos una bebida energética al día.
Uno de los aspectos que más inquieta al Ejecutivo es la elevada proporción de jóvenes que mezclan estas bebidas con alcohol. Según los datos manejados por el Ministerio, el 47% de quienes consumen bebidas energéticas afirma combinarlas de manera regular con bebidas alcohólicas. Esta práctica, cada vez más extendida en entornos de ocio nocturno, incrementa el riesgo de ingestas excesivas de alcohol, ya que la cafeína puede enmascarar la sensación de embriaguez, retrasando la percepción de los efectos reales del alcohol y favoreciendo conductas impulsivas o de mayor exposición al riesgo.
El Gobierno ha recordado que la preocupación institucional por este fenómeno no es nueva. Ya en 2021, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición publicó un informe en el que advertía de los posibles efectos adversos derivados del consumo elevado de cafeína, especialmente en menores y adolescentes. En ese documento se señalaba que una ingesta excesiva puede provocar alteraciones del sueño, nerviosismo, ansiedad, irritabilidad y cambios en el comportamiento, además de efectos cardiovasculares como taquicardias o elevación de la tensión arterial.
El Ejecutivo considera que la amplia disponibilidad de estas bebidas en supermercados, tiendas de conveniencia y máquinas expendedoras ha contribuido a que se perciban como productos inocuos, cuando en realidad presentan concentraciones de cafeína muy superiores a las de otras bebidas estimulantes tradicionales. A ello se suman estrategias de marketing dirigidas de forma indirecta a un público joven, a través de envases llamativos, sabores dulces y una fuerte vinculación con el deporte, los videojuegos y la música.
Con esta nueva regulación, el Gobierno pretende establecer un marco similar al existente para otros productos con potencial impacto sobre la salud de los menores, reforzando los controles en los puntos de venta y la obligación de verificar la edad de los compradores. La medida se enmarca en una estrategia más amplia de promoción de hábitos saludables y de prevención temprana de problemas relacionados con el consumo de estimulantes, el descanso insuficiente y el abuso de sustancias.
Bustinduy ha subrayado que la protección de la infancia y la adolescencia debe situarse en el centro de las políticas públicas, especialmente en un contexto en el que el acceso a productos con efectos fisiológicos relevantes es cada vez más fácil. El objetivo, según el ministro, no es únicamente limitar la venta, sino enviar un mensaje claro a la sociedad sobre los riesgos reales asociados al consumo habitual de bebidas energéticas y fomentar alternativas más saludables en los entornos educativos, familiares y de ocio.
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