El presidente de Perú, José Jerí, ha salido a aclarar y defender una polémica situación que ha generado un fuerte debate político en el país...
El presidente de Perú, José Jerí, ha salido a aclarar y defender una polémica situación que ha generado un fuerte debate político en el país, tras reconocer que en 2022, cuando se desempeñaba como congresista, incorporó a su amiga Ana Fiorella Diburcio para trabajar en su despacho sin ningún contrato formal, sin figurar en planilla ni con vínculo laboral registrado, pero pagándole con sus propios recursos, según sus declaraciones recogidas en medios peruanos.
Jerí afirmó públicamente que decidió sumar a Diburcio a su equipo porque “tenía demasiado trabajo” y necesitaba ayuda para descongestionar sus labores parlamentarias. Aseguró que no hay nada irregular ni ilegal en la forma en que procedió, ya que los pagos nunca provinieron de fondos públicos ni del presupuesto oficial del Congreso, sino de su propio sueldo como legislador y de forma directa, en efectivo. “Eso no tiene nada de irregular, nada de ilícito cuando ella misma afirma que el dinero con el que se le ha pagado ha sido de mi propio dinero”, sostuvo ante cámaras.
La joven, de 29 años, confirmó en el dominical Panorama que efectivamente trabajó asistiendo a Jerí, aunque sin contrato de por medio ni registro formal en las planillas estatales. Según su relato, su labor consistió en apoyar con la agenda, programar citas y coordinar reuniones con ministros y personas que frecuentaban el despacho congresal, aunque insistió en que nunca trabajó directamente para el Estado ni figuró en la planilla oficial.
Los registros oficiales de acceso al Congreso muestran que Diburcio ingresó en múltiples ocasiones al despacho de Jerí durante un periodo de 2022, con alrededor de 24 visitas en tres meses, lo que puso en evidencia su presencia constante en actividades ligadas al trabajo parlamentario, a pesar de la falta de un contrato formal.
El presidente defendió que no hubo intención de ocultar la situación y que la colaboración de su amiga fue motivada únicamente por la sobrecarga de trabajo que enfrentaba como parlamentario. Reiteró que nunca utilizó recursos públicos para pagarle, enfatizando que los montos salieron de sus propios ingresos, y por eso consideró que no cabía ninguna irregularidad.
La controversia no se limita a este caso específico. En el contexto político actual de Perú, la figura de Jerí está bajo intenso escrutinio, con mociones de censura acumuladas en el Congreso que buscan su salida de la presidencia, en medio de acusaciones de reuniones semiclandestinas con empresarios y otras contrataciones cuestionadas tras su llegada al Ejecutivo.
Al defender su actuación, Jerí también amplió su argumento al señalar que varias de las personas que lo acompañaron en etapas recientes ya habían trabajado con él en el Congreso, y que su incorporación al Estado obedeció a la necesidad de contar con personal de confianza durante un proceso de transición complicada, intentando desmarcar las contrataciones de cualquier insinuación de favoritismo o irregularidad.
Pese a estas explicaciones, el caso ha avivado el debate político y mediático en Perú, donde la transparencia de los actos de los funcionarios y el uso adecuado de recursos públicos son temas sensibles. La oposición y diversos sectores sociales mantienen presión sobre el mandatario, al tiempo que él sostiene que sus actos no vulneraron la ley ni implicaron falta ética alguna.





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