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Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, investigadores del FBI hallaron documentos muy confidenciales recopilados por agentes militares japoneses. En increíbles testimonios, en tales reportes se daba cuenta de cómo científicos de tal nación habían desarrollado experimentos sobre seres humanos, injertándoles branquias de escualo y otros similares órganos para la respiración provenientes de mamíferos marinos, como focas o morsas.
Los individuos alterados corporalmente con tales aditamentos biológicos, en específico los de tiburón, pudieron sobrevivir durante cierto periodo de tiempo cual si fuesen peces auténticos.
El célebre investigador de lo insólito, el periodista norteamericano Charles Fort, estaba convencido de que en lo más profundo de las regiones marinas, habitaba una civilización acuática. Y en efecto, de acuerdo a los múltiples testimonios de extraños avistamientos en el mar, a lo largo de la historia, su especulación podría ser acertada, porque por ejemplo, en 1969, un pescador de la costa sur de Francia aseguró haber visto a una extraña criatura sobre una roca del mar mediterráneo. Ese ser asombroso, con la forma de un pez colosal totalmente desconocido por cualquier autoridad científica, exponía orejas, además de otras características humanas totalmente inexplicables. El pez humanoide fue puesto bajo el cuidado de ciertos investigadores del Museo Oceanográfico de Mónaco. Además existen reportes de ataques a barcos y submarinos, que no tienen explicación alguna. Por el momento baste con manifestar que el océano indomable encierra portentos y fenómenos que no se logan aún descubrir, y que parece jamás podremos comprender.





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