Hace ahora casi 33 años, dos explosiones de gran intensidad fueron detectadas en el Atlántico sin que sepamos aún con certeza cuál es s...
Hace ahora casi 33 años, dos explosiones de gran intensidad fueron detectadas en el Atlántico sin que sepamos aún con certeza cuál es su origen.
El 22 de septiembre de 1979, un satélite de vigilancia estadounidense -el Vela 6911- detectó dos destellos luminosos de gran intensidad en el Atlántico Sur, entre África y la Antártida. La lectura de los sensores ópticos del satélite no fueron demasiado claras pero pudo determinarse que la potencia necesaria para generar algo de esa magnitud se encontraba dentro del rango de dos a tres Kilotones. Los expertos suponen que pudo tratarse de ensayos nucleares clandestinos de Israel o Sudáfrica, o bien de un evento similar al que devastó Tunguska hace 100 años. ¿Que fue lo que originó el Incidente Vela?
Estados Unidos puso en marcha el Proyecto Vela para realizar un seguimiento de los ensayos nucleares que tenían lugar sobre la superficie o en la atmósfera de nuestro planeta. En 1963, el Tratado sobre Ensayos de Explosiones Nucleares (Partial Test Ban Treaty) había sido firmado por 130 países y prohibía todas las explosiones nucleares excepto las subterráneas, con el fin de evitar las precipitaciones radiactivas. Desarrollado por DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency) y supervisado por la fuerza aérea de ese país, el Proyecto Vela se apoyaba sobre tres pilares: Vela Uniform, que intentaría la detección de explosiones nucleares subterráneas a través de los eventos sísmicos relacionados; Vela Sierra, varios satélites diseñados para detectar señales de explosiones nucleares en la atmósfera; y Vela Hotel, otros satélites concebidos para detectar señales nucleares provenientes del espacio. En principio el programa debía funcionar durante unos pocos años, pero la robustez de los Vela -diseñados para funcionar durante 6 meses- hizo que se extienda durante 26 años.
Había 12 satélites en total, seis del tipo Vela Hotel y seis del Vela Sierra, y giraban en órbitas ubicadas ente 100 mil y 113 mil kilómetros de altura, por encima de los cinturones de Van Allen. Estaban provistos con 12 detectores externos de rayos X y 18 detectores internos de neutrones y rayos gamma, que funcionaban gracias a la energía proporcionada por sus paneles solares. También tenían dos sensores especiales capaces de detectar destellos con duraciones menores al milisegundo, necesarios por que las explosiones nucleares atmosféricas que eventualmente tendrían que reportar producen una única señal de corta duración.
2 y 3 kilotones
En efecto, una explosión de este tipo emite un flash que dura alrededor de 1 milisegundo, seguido por una segunda luz -más prolongada pero menos intensa- que dura algunos segundos. Esto ocurre porque el primer destello es alcanzado rápidamente por la onda de choque atmosférica -compuesta de gas ionizado- que, aunque emite bastante luz, se vuelve rápidamente opaco y oculta la explosión. No se conoce ningún fenómeno natural que pueda producir este efecto, por lo que los Vela no tenían problemas en detectar estas explosiones.
El 22 de septiembre de 1979, luego de haber informado con éxito 41 explosiones nucleares correspondientes a otros tantos ensayos efectuados por las superpotencias de la época, el satélite Vela 6911 registró con sus sensores ópticos dos destellos extraños. Si bien tenían las características habituales de explosiones nucleares atmosféricas, se habían producido en una región del planeta -el Atlántico Sur, entre África y la Antártida (47º S, 40º E)- en el que no se esperaba detectar algo así.
La potencia fue estimada de las explosiones fue de entre 2 y 3 Kilotones, de 10 a 20 veces menor a la de la Bomba de Hiroshima. La prensa rápidamente llamó a estos destellos “Incidente Vela”. Los servicios de inteligencia comenzaron a trabajar, y se barajaron dos hipótesis principales. La primera de ellas, a la que se asignaba una mayor probabilidad, era que estos flashes fuesen el resultado de dos detonaciones nucleares secretas pertenecientes a Israel o Sudáfrica. La segunda, que un objeto proveniente del espacio exterior -posiblemente un cometa o un meteorito- había detonado por el recalentamiento sufrido al ingresar en nuestra atmósfera dando lugar a algo similar al “Evento Tunguska” pero sobre el mar.





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