Una historia que ha conmocionado a España ha salido a la luz, centrada en Estíbaliz Kortazar Errecatxo, una mujer de 48 años de Basauri, Paí...
Una historia que ha conmocionado a España ha salido a la luz, centrada en Estíbaliz Kortazar Errecatxo, una mujer de 48 años de Basauri, País Vasco, que se vio obligada a abandonar su propia casa tras acoger a un inmigrante "necesitado" que se convirtió en un okupa y la sometió a un calvario de maltratos y humillaciones. Lo que comenzó como un gesto de solidaridad en enero de 2024, cuando Estíbaliz abrió las puertas de su vivienda a través de una asociación de ayuda a personas sin hogar, se transformó rápidamente en una pesadilla que la dejó fuera de su hogar, con profundas secuelas psicológicas. Según detalla 'El Español', el hombre, cuya identidad no ha sido revelada, la insultaba con términos como "puta" y "perra sucia", le hacía insinuaciones sexuales y veía pornografía frente a ella, convirtiéndola en rehén de su propia bondad y exponiendo las vulnerabilidades de las leyes de okupación en España.
Estíbaliz, quien trabajó durante más de dos décadas como administrativa para comprar su piso en 2021, decidió alquilar una habitación a finales de 2023 para mejorar su situación económica, un esfuerzo que se vio truncado por este episodio. Inicialmente, el acuerdo parecía funcionar, con el hombre pagando un alquiler de 350 euros mensuales bajo un contrato formal. Sin embargo, desde enero de 2024, la convivencia se deterioró cuando el inquilino dejó de pagar, trajo basura y objetos de la calle, y adoptó un comportamiento agresivo. La vivienda, que había sido su refugio, se convirtió en un lugar de terror, con el hombre dejando las luces encendidas, el volumen del televisor alto por las noches y su habitación en condiciones insalubres, según un vídeo que él mismo envió a Estíbaliz y que ella no pudo terminar de ver por el asco que le provocó.
La situación escaló hasta volverse insostenible. A pesar de múltiples intentos de diálogo y súplicas para que abandonara la casa tras el vencimiento del contrato en enero de 2025, el hombre se negó, convirtiéndose en un okupa de facto. En un intento desesperado por resolver el conflicto, Estíbaliz recurrió a un amigo extranjero de origen similar para mediar, pero la reunión terminó en violencia: el okupa mordió al mediador en la cara, dejándolo con diez puntos de sutura y hospitalizado. Finalmente, el 6 de junio de 2025, incapaz de soportar más el miedo y las agresiones, Estíbaliz abandonó su hogar y se refugió en casa de un familiar, donde permanece bajo tratamiento psicológico por ansiedad y estrés postraumático. "Cada vez que pienso en mi casa, siento pánico", confesó en una entrevista reciente.
El caso ha puesto en el foco las limitaciones legales para desalojar okupas en España, donde la ley protege a los inquilinos tras un cierto período de ocupación, incluso en casos de contratos vencidos. Estíbaliz denunció los hechos a la Policía el pasado Día de Año Nuevo de 2025, pero los agentes le indicaron que, sin una orden judicial de desahucio, no podían intervenir, dejándola atrapada en un limbo legal. Además, sigue pagando más de 200 euros mensuales en facturas de luz por el consumo del okupa, quien se ha apropiado del inmueble sin costo alguno. En respuesta, ha lanzado una petición en Change.org titulada "Vivo con mi okupa porque no le puedo echar: ¿por qué tiene más derechos que yo? Justicia ya", que ya ha reunido más de 15,000 firmas, reflejando la frustración de muchos ante la situación.
La historia ha desatado un debate nacional en redes sociales, con hashtags como #JusticiaParaEstíbaliz y #NoALaOkupación ganando tracción, mientras algunos la elogian por su inicial buena fe y otros critican las políticas migratorias y de vivienda. El gobierno vasco y el Ministerio del Interior no han emitido comentarios oficiales, pero el caso ha reavivado las demandas de reformar la legislación sobre okupación, especialmente tras incidentes similares en otras regiones. Mientras Estíbaliz lucha por recuperar su hogar y su paz mental, su experiencia se ha convertido en un símbolo de los riesgos asociados al buenismo mal enfocado y las fallas legales que afectan a propietarios vulnerables en España.





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