El mundo del fútbol, y en particular el fútbol africano, está de luto tras confirmarse el fallecimiento de Peter Rufai, icónico arquero de l...
El mundo del fútbol, y en particular el fútbol africano, está de luto tras confirmarse el fallecimiento de Peter Rufai, icónico arquero de la selección de Nigeria, conocido cariñosamente como “Dodo Mayana”. Rufai, quien murió a los 61 años el jueves 3 de julio de 2025 en su residencia en Lagos, dejó un legado imborrable en el fútbol nigeriano y mundial tras una destacada carrera que abarcó más de dos décadas. Según diversos reportes, el legendario guardameta falleció tras una prolongada enfermedad, aunque algunos medios, como Marca, señalan que la causa fue un paro cardíaco. La Federación Nigeriana de Fútbol (NFF) y múltiples figuras del deporte han expresado su profundo pesar por la pérdida de una de las figuras más emblemáticas de las “Super Águilas”.
Peter Rufai, nacido el 24 de agosto de 1963 en Lagos, fue una pieza clave en la época dorada del fútbol nigeriano durante los años 90. Como portero titular de la selección, participó en dos Copas del Mundo de la FIFA: Estados Unidos 1994, donde Nigeria hizo su debut mundialista, y Francia 1998, en ambos casos llegando a los octavos de final. Uno de los momentos más recordados de su carrera fue su enfrentamiento contra Argentina en el Mundial de 1994, en el último partido de Diego Maradona en una Copa del Mundo. En aquel encuentro, Nigeria cayó 2-1 ante la Albiceleste, con dos goles de Claudio Caniggia, pero la actuación de Rufai fue destacada por su temple y reflejos, consolidándolo como uno de los mejores arqueros del torneo.
Rufai también fue parte fundamental del equipo que conquistó la Copa Africana de Naciones (AFCON) en 1994 en Túnez, un hito que marcó el dominio de Nigeria en el fútbol africano durante esa década. Además, obtuvo medallas de plata en las ediciones de 1984 y 1988 de la AFCON, y en un hecho poco común para un portero, anotó un penal en la victoria 6-0 de Nigeria sobre Etiopía durante las eliminatorias para la AFCON de 1993. Con 65 partidos internacionales, Rufai es considerado uno de los mejores porteros en la historia de Nigeria, admirado por su liderazgo, carisma y profesionalismo.
A nivel de clubes, Rufai tuvo una prolífica carrera en Europa, donde jugó en equipos de Bélgica (Lokeren y Beveren), Países Bajos (Go Ahead Eagles), Portugal (SC Farense y Gil Vicente) y España (Deportivo de La Coruña y Hércules). Durante la temporada 1994-95, destacó con el SC Farense en la liga portuguesa, contribuyendo a una sólida defensa que permitió al club clasificarse por primera vez a la Copa UEFA, con solo 38 goles encajados en 34 partidos. En España, aunque tuvo un rol más secundario en el Deportivo de La Coruña (1997-1999), su paso por LaLiga dejó una marca en los aficionados, especialmente por su carisma y su linaje real, ya que era hijo de un jefe tradicional de la región de Idimu, lo que le valió el apodo de “El Príncipe”.
Tras su retiro, Rufai se mantuvo activo en el desarrollo del fútbol, fundando la Staruf Academy en Lagos para mentorizar a jóvenes talentos y promover la educación entre los aspirantes a futbolistas. Su dedicación al deporte y su disciplina lo convirtieron en un modelo a seguir tanto dentro como fuera de la cancha. La NFF destacó su legado en un comunicado en su cuenta de X: “Tu legado vive entre los palos y más allá. Descansa en paz, Peter Rufai”.
La noticia de su muerte ha conmocionado al fútbol nigeriano y global, con tributos que resaltan no solo sus logros deportivos, sino también su carácter como persona. Rangers International, uno de los clubes donde Rufai brilló en Nigeria, lo describió como un “completo caballero” y un ícono del fútbol. Su partida se suma a un día trágico para el deporte, ya que coincide con reportes sobre el fallecimiento del futbolista Diogo Jota en un accidente automovilístico, según algunos medios.
Peter Rufai será recordado no solo por sus paradas memorables y su contribución al fútbol nigeriano, sino también por su historia única como heredero de una familia real que renunció a un trono para perseguir su pasión por el fútbol. Su legado perdurará como una inspiración para generaciones futuras de futbolistas en Nigeria y más allá.





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