Marruecos se encuentra en el centro de una polémica internacional tras denuncias que sugieren que el país planea ejecutar a tres millones de perros callejeros antes del Mundial de Fútbol 2030, que coorganizará junto a España y Portugal, con el objetivo de hacer que sus ciudades sean "agradables para los aficionados". Las acusaciones, lideradas por organizaciones de protección animal como la Coalición Internacional para la Protección de los Animales (IAWPC) y respaldadas por la primatóloga Jane Goodall, afirman que esta supuesta "limpieza" ha comenzado desde que la FIFA confirmó la sede en octubre de 2023, intensificándose con métodos brutales como envenenamiento con estricnina, disparos en vía pública y capturas violentas para sacrificios masivos. Sin embargo, las autoridades marroquíes han desmentido estas afirmaciones, defendiendo un programa de captura, esterilización y liberación, lo que ha generado un intenso debate sobre la veracidad de los hechos y las intenciones reales del gobierno.
Las denuncias detallan que las matanzas se concentran en ciudades candidatas a sedes del torneo, como Casablanca, Tánger y Rabat, con un aumento notable antes de las inspecciones de la FIFA. Según la IAWPC, los perros, estimados entre uno y tres millones en todo el país, son considerados un problema de salud pública debido a ataques y casos de rabia, pero las organizaciones insisten en que existen alternativas éticas como el método TNVR (capturar, esterilizar, vacunar, devolver), implementado desde 2019 con un costo estimado de 60 euros por animal. Jane Goodall, en una carta enviada a la FIFA, ha expresado su "horror" y ha pedido la suspensión de Marruecos como coanfitrión si no cesan las matanzas, advirtiendo que los aficionados, muchos amantes de los animales, podrían boicotear el evento o presionar a patrocinadores como Qatar Airways. Videos y testimonios han circulado en redes sociales mostrando perros agonizando tras disparos o envenenamientos, alimentando la indignación global.
El gobierno marroquí, a través de la Dirección General de Colectividades Territoriales, ha rechazado estas acusaciones, afirmando que el programa TNVR sigue siendo la política oficial y que se han invertido más de 150 millones de dirhams (14.5 millones de euros) en los últimos cinco años en clínicas y equipos para gestionar a los animales callejeros. Mohammed Roudani, jefe de esta dirección, insistió en que las matanzas masivas no forman parte de su estrategia y que las denuncias carecen de fundamento, apuntando a una posible exageración por parte de activistas. Sin embargo, la falta de datos independientes y la opacidad en la implementación del programa han avivado las sospechas, especialmente tras reportes de casos como el ataque a un barista en Ben Ahmed en enero de 2025, donde balas destinadas a un perro hirieron a un civil.
La polémica ha trascendido fronteras, con campañas en redes sociales bajo hashtags como #StopKillingDogs y peticiones que ya superan las 10,000 firmas para presionar a la FIFA y a los gobiernos de España y Portugal, también involucrados como coanfitriones. En Marruecos, la población está dividida: mientras algunos ciudadanos exigen medidas contra las manadas agresivas, otros cuestionan el costo humano y ético de estas acciones, especialmente en un país donde los perros tienen una percepción cultural ambivalente, oscilando entre la compasión islámica y la consideración de impureza. La FIFA, hasta el momento, no ha emitido un pronunciamiento oficial, pero la presión internacional podría forzar una investigación, especialmente si las imágenes de matanzas afectan la imagen del torneo. Con cinco años por delante, el dilema entre seguridad, imagen pública y bienestar animal pone a Marruecos en un punto crítico de su preparación para 2030.
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