El líder de Vox, Santiago Abascal, ha tomado la tribuna del Congreso de los Diputados para lanzar una arremetida directa contra el president...
El líder de Vox, Santiago Abascal, ha tomado la tribuna del Congreso de los Diputados para lanzar una arremetida directa contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, exigiendo su dimisión inmediata en medio de una sesión marcada por la tensión política. Con un tono contundente, Abascal acusó a Sánchez de encabezar un Ejecutivo "sumido en la corrupción y la decadencia", citando escándalos como la trama Koldo, la imputación de Isabel Pardo de Vera y las recientes acusaciones contra Montse Mínguez como pruebas irrefutables de su ineptitud. Sin embargo, su discurso también incluyó un rechazo explícito a la posibilidad de una gran coalición con el Partido Popular (PP), declarando: "Haré todo lo posible por evitar la gran coalición PP-PSOE", marcando una línea divisoria clara en el panorama político español y desatando un debate intenso tanto en el hemiciclo como en las redes sociales.
La intervención de Abascal se produce en el contexto de una moción de censura presentada por el PP, liderado por Alberto Núñez Feijóo, que busca capitalizar el desgaste del PSOE tras meses de investigaciones y renuncias. Sin embargo, Vox, con sus 33 escaños, ha dejado claro que no apoyará esta iniciativa, prefiriendo una estrategia propia para derrocar a Sánchez. Desde la tribuna, Abascal enumeró una serie de demandas, incluyendo la disolución de las Cortes, elecciones anticipadas y una auditoría de todas las cuentas públicas del Gobierno, argumentando que "España no puede seguir en manos de un líder que protege a los corruptos". Su discurso, de unos 20 minutos, fue interrumpido varias veces por abucheos de la bancada socialista y aplausos de sus seguidores, reflejando la polarización que domina el Parlamento.
El rechazo a una gran coalición PP-PSOE, una fórmula que algunos analistas ven como una posible salida a la crisis política, responde a la postura ideológica de Vox, que considera al PP demasiado moderado y dispuesto a pactos con el PSOE en el pasado, como ocurrió en 2020 con la investidura de Sánchez. Abascal advirtió que cualquier acercamiento entre ambos partidos sería "una traición a los votantes de centro-derecha" y prometió liderar una alternativa "nacional y patriótica" que impida un Gobierno de "consenso corrupto". Esta declaración ha generado especulaciones sobre una posible estrategia de Vox para erosionar la base electoral del PP, especialmente en regiones como Andalucía y Madrid, donde ambos partidos compiten por el voto conservador.
La respuesta del PSOE no se hizo esperar. Pedro Sánchez, desde su escaño, calificó el discurso de Abascal como "un espectáculo vacío" y defendió la legitimidad de su mandato, respaldado por la mayoría parlamentaria que incluye a Sumar y socios nacionalistas. Yolanda Díaz, vicepresidenta segunda, secundó esta postura, afirmando que las acusaciones de Vox son "un intento de desestabilizar la democracia". Por su parte, Feijóo, quien esperaba un apoyo tácito de Vox para su moción, expresó su decepción, aunque dejó la puerta abierta a negociaciones futuras, diciendo: "Nuestra prioridad es sacar a Sánchez, los métodos pueden discutirse". La moción, que necesita 176 votos y cuenta con 137 del PP más los 33 de Vox, parece destinada al fracaso sin el respaldo de otros grupos, como Ciudadanos o Junts, que han mostrado escepticismo.
El discurso de Abascal ha resonado en las calles y en redes sociales, donde hashtags como #AbascalVsSanchez y #DimisionYa han ganado tracción. Manifestaciones frente al Congreso, convocadas por Vox, reunieron a cientos de simpatizantes que corearon consignas contra Sánchez, mientras contramanifestaciones de izquierda defendieron su gestión. Analistas ven en esta postura de Abascal un intento de consolidar a Vox como la principal oposición de derecha, evitando quedar eclipsado por el PP en un posible pacto. Sin embargo, su negativa a apoyar la moción podría fragmentar aún más el bloque conservador, dejando a Sánchez en una posición más segura a corto plazo, aunque con un desgaste acumulado que podría influir en las elecciones de 2027.
Este enfrentamiento marca un nuevo capítulo en la crisis política española, con Abascal posicionándose como un actor clave que prefiere el enfrentamiento total a las alianzas pragmáticas, en un verano donde la estabilidad del Gobierno sigue en la cuerda floja.





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