Un trágico suceso ha puesto en el foco la crisis de salud mental entre los soldados israelíes, con la muerte de Daniel Edri, un reservista d...
Un trágico suceso ha puesto en el foco la crisis de salud mental entre los soldados israelíes, con la muerte de Daniel Edri, un reservista de 24 años que se prendió fuego dentro de su coche en el bosque de Biriya, cerca de Safed, en el norte de Israel. Edri, quien había participado en operaciones militares en Gaza y Líbano, sufría de trastorno de estrés postraumático (TEPT) tras haber sido expuesto a escenas de violencia extrema, incluyendo la manipulación de cuerpos y el intenso olor a carne quemada, según relataron sus familiares. Su cuerpo fue hallado el sábado 5 de julio dentro de un vehículo completamente incendiado, dejando tras de sí una nota desgarradora que decía: «Huelo demasiados cadáveres y no lo soporto más», un testimonio que refleja el tormento psicológico que lo llevó a quitarse la vida. Su madre, Sigal Edri, confirmó que su hijo había intentado buscar ayuda psiquiátrica, pero fue rechazado por un hospital días antes, agravando su estado.
El caso de Edri no es aislado. Según reportes recientes, al menos 76 soldados israelíes se han suicidado en los últimos dos años, desde julio de 2023, atribuidos al trauma acumulado por su participación en conflictos, particularmente en Gaza y el sur del Líbano, donde han sido acusados de cometer crímenes contra civiles palestinos, incluyendo miles de niños. Estas cifras, basadas en datos de medios hebreos y declaraciones familiares, sugieren una epidemia silenciosa dentro de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), donde el contacto prolongado con la muerte y la destrucción ha dejado secuelas profundas. Edri, quien perdió a dos amigos cercanos en el ataque del 7 de octubre de 2023 en el festival Nova, sirvió como conductor de apoyo en zonas de combate, una tarea que lo expuso repetidamente a recoger cuerpos de soldados caídos y civiles, intensificando su deterioro mental. Su hermana, Eden, describió cómo su hermano sufría ataques de ira y alucinaciones, viendo y oliendo cuerpos incluso en su vida diaria.
La narrativa oficial de las FDI ha evadido reconocer estos suicidios como parte de un patrón ligado a las operaciones militares, argumentando que muchos ocurrieron tras el alta, lo que los excluye de ser considerados bajas en servicio activo. Sin embargo, la familia de Edri ha solicitado un funeral militar, una petición rechazada hasta ahora, lo que ha avivado las críticas hacia la falta de apoyo psicológico adecuado. Organizaciones de derechos humanos han señalado que los conflictos en Gaza, donde más de 57,000 palestinos han muerto según estimaciones locales, y en Líbano, donde los enfrentamientos con Hezbolá han escalado desde septiembre de 2024, han generado un costo humano oculto entre los soldados. Un estudio de la Universidad de Tel Aviv, citado en medios, estima que el 12% de los reservistas que combatieron en Gaza padecen trastornos graves, muchos considerados no aptos para el servicio.
En redes sociales, las reacciones varían: algunos expresan empatía por el sufrimiento de Edri, mientras otros lo ven como una consecuencia inevitable de su participación en lo que califican como "genocidio", un término que también aparece en posts críticos. La madre de Edri ha pedido una investigación sobre la atención denegada, sugiriendo que su hijo podría haber sobrevivido con intervención oportuna. Este caso, junto al creciente número de suicidios —43 según algunos reportes desde octubre de 2023—, pone en jaque las políticas de bienestar militar de Israel, especialmente en un contexto de guerra prolongada que sigue generando controversia internacional y un debate interno sobre las secuelas psicológicas de sus soldados.





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