El Congreso de El Salvador ha aprobado una reforma constitucional que permite la reelección presidencial indefinida, un cambio histórico que...
El Congreso de El Salvador ha aprobado una reforma constitucional que permite la reelección presidencial indefinida, un cambio histórico que consolida el poder del presidente Nayib Bukele y marca un giro significativo en el sistema político del país. La decisión, tomada en una sesión plenaria el jueves 31 de julio por la noche, contó con el respaldo de 57 de los 60 diputados de la Asamblea Legislativa, dominada por el partido Nuevas Ideas y sus aliados, mientras que solo tres votaron en contra, reflejando la amplia mayoría del bloque oficialista. Esta reforma, aprobada con un procedimiento exprés y sin amplio debate público, no solo elimina los límites de mandato presidencial, sino que también extiende el período presidencial de cinco a seis años y elimina la segunda vuelta electoral, permitiendo que el ganador se defina por mayoría simple, un cambio que facilita la permanencia de Bukele en el poder.
La reforma modifica cinco artículos de la Constitución de 1983 (75, 80, 133, 152 y 154), un proceso que se aceleró tras meses de especulación sobre las intenciones del mandatario, quien ya logró reelegirse en 2024 a pesar de la prohibición constitucional previa, gracias a una controvertida decisión de la Corte Suprema en 2021, controlada por jueces afines a su partido. La legisladora Ana Figueroa, del partido Nuevas Ideas, defendió la medida argumentando que "los salvadoreños tendrán el poder de decidir cuánto tiempo quieren apoyar a su presidente", alineándose con la narrativa de Bukele de devolver la soberanía al pueblo. Además, se propuso ajustar el actual mandato de Bukele, que debía finalizar el 1 de junio de 2029, para que termine el 1 de junio de 2027, sincronizando las elecciones presidenciales, legislativas y municipales, lo que le permitiría postularse para un nuevo término de seis años en 2027.
La oposición, representada principalmente por la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), ha denunciado este cambio como un golpe a la democracia, con la diputada Marcela Villatoro exclamando durante la sesión que "¡la democracia en El Salvador ha muerto!", advirtiendo que la reelección indefinida fomenta la acumulación de poder, la corrupción y el nepotismo. Organizaciones de derechos humanos, como Cristosal y la Comisión de Derechos Humanos de El Salvador, han expresado alarma, calificando la reforma como un paso hacia el autoritarismo, especialmente en un contexto donde el estado de emergencia, vigente desde 2022 para combatir pandillas, ha suspendido derechos constitucionales y llevado a la detención de miles de personas. Internacionalmente, la medida ha generado críticas de grupos como Amnistía Internacional, que ven en ella un modelo de consolidación de poder al estilo de líderes latinoamericanos como Daniel Ortega en Nicaragua.
Bukele, conocido por autoproclamarse "el dictador más cool del mundo" y por su popularidad gracias a la drástica reducción de la violencia pandillera, no ha comentado directamente la reforma, aunque su silencio se interpreta como un respaldo tácito. Su estrategia ha incluido el control de instituciones clave, como el Tribunal Supremo Electoral y la Fiscalía, lo que ha facilitado estas reformas sin mayores obstáculos. La población, dividida entre quienes celebran la seguridad lograda y quienes temen un retroceso democrático, ha reaccionado en redes sociales con el hashtag #ReeleccionSV, donde algunos elogiaron la oportunidad de mantener a un líder efectivo, mientras otros denunciaron una deriva autoritaria. Este cambio, efectivo tras su ratificación en la próxima legislatura, redefine el panorama político salvadoreño y sitúa a Bukele como una figura dominante en la región, aunque bajo el escrutinio global por sus implicaciones democráticas.





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