Un escándalo ha sacudido a la familia real noruega tras el anuncio de la Fiscalía General de que Marius Borg Høiby, hijo mayor de la princes...
Un escándalo ha sacudido a la familia real noruega tras el anuncio de la Fiscalía General de que Marius Borg Høiby, hijo mayor de la princesa heredera Mette-Marit y hermanastro del príncipe heredero Haakon, ha sido inculpado por cuatro presuntas violaciones, junto con otros 28 cargos que incluyen violencia, abuso doméstico y violación de órdenes de restricción. La noticia, confirmada hoy a las 14:00 hora local (20:00 CEST) por el fiscal jefe Sturla Henriksbø durante una conferencia de prensa en Oslo, marca un punto de inflexión para la monarquía noruega, conocida por su popularidad y estabilidad. Høiby, de 28 años y sin título real ni funciones oficiales, fue arrestado inicialmente en agosto de 2024 por presunto asalto a una expareja, y la investigación, que se extendió por más de un año, ha desentrañado una serie de acusaciones que abarcan incidentes entre 2018 y 2024, algunos ocurridos tras el inicio de las pesquisas.
Los cargos detallan cuatro casos de violación, incluyendo uno con penetración y tres sin ella, así como actos de violencia contra excompañeras sentimentales, amenazas de muerte, vandalismo y grabaciones no consentidas de genitales femeninos, según Henriksbø, quien calificó los delitos como "muy serios" y con una pena máxima de hasta 10 años de prisión. Entre los incidentes destacados está un supuesto ataque en 2023 a una mujer incapaz de resistir, y otro en 2024 tras la imposición de una orden de restricción, lo que agrava las acusaciones. Høiby, quien ha negado las imputaciones más graves y planea declararse culpable de cargos menores como vandalismo, está actualmente en libertad bajo condiciones estrictas mientras se prepara para un juicio que comenzará en enero de 2026 y podría durar seis semanas, según la Fiscalía. Su abogado, Petar Sekulic, ha insistido en que su cliente coopera y rechaza las acusaciones de abuso sexual, atribuyendo algunos actos a problemas de salud mental y consumo de sustancias, confesados por Høiby tras su arresto inicial.
La familia real emitió un breve comunicado expresando que "el caso está en manos de los tribunales" y evitando comentarios adicionales, un silencio que contrasta con la conmoción pública en Noruega, donde la monarquía goza de un 80% de aprobación según encuestas recientes. Mette-Marit, quien tuvo a Høiby de una relación previa antes de casarse con Haakon en 2001, ha sido vista como una figura maternal que lo integró a la vida palaciega, pero este escándalo pone en jaque su imagen. En redes sociales, el hashtag #MariusHøiby ha generado un torbellino de reacciones, con algunos defendiendo su presunción de inocencia y otros cuestionando la inmunidad de la realeza, mientras tabloides como VG publican imágenes de archivo que amplifican el impacto mediático. La oposición política ha pedido transparencia, y organizaciones como la Red contra la Violencia han elogiado la actuación judicial, destacando la gravedad de los cargos.
El caso se enmarca en un verano de tensiones globales, con incendios en España y la cumbre Putin-Trump en Alaska como focos de atención, pero en Noruega ha eclipsado la agenda local, reavivando debates sobre la relevancia de la monarquía y la justicia equitativa. La Fiscalía ha advertido que las investigaciones podrían extenderse a otros implicados, y el juicio, que incluirá testimonios de víctimas y análisis forenses, promete ser uno de los más seguidos en la historia reciente del país. Con Høiby enfrentando un futuro incierto y la familia real bajo escrutinio, este escándalo amenaza con alterar la imagen de estabilidad que Noruega ha proyectado durante décadas.





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