El corazón de la Ciudad de México se convirtió en escenario de una violenta confrontación cuando cientos de manifestantes derribaron el mur...
El corazón de la Ciudad de México se convirtió en escenario de una violenta confrontación cuando cientos de manifestantes derribaron el muro metálico de tres metros de altura que la presidenta Claudia Sheinbaum había ordenado instalar alrededor del Palacio Nacional. La barrera, colocada apenas 48 horas antes, pretendía impedir que los inconformes se acercaran al recinto presidencial durante las protestas por el asesinato de tres prominentes líderes conservadores en menos de un mes. Lo que comenzó como una concentración pacífica escaló rápidamente en disturbios, dejando un saldo preliminar de 27 detenidos, 14 policías heridos y daños materiales valuados en millones de pesos.
Los hechos se desencadenaron cerca de las 2:00 de la mañana, cuando un grupo de manifestantes, muchos de ellos encapuchados y portando mazos, tubos y gasolina, avanzó desde la calle 5 de Mayo hacia la valla de acero reforzado. En cuestión de minutos, las estructuras cedieron entre gritos de “¡Justicia!” y “¡Sheinbaum asesina!”. Videos captados por testigos muestran cómo los inconformes utilizaron cuerdas, vehículos y hasta un montacargas improvisado para arrancar secciones enteras del muro, mientras elementos de la Guardia Nacional intentaban replegarse ante la avalancha humana.
La protesta tenía su origen en el asesinato del diputado federal conservador Javier Molina, ocurrido el 12 de noviembre en Guadalajara, el tercero en una serie que incluye al senador Roberto Delgado (31 de octubre, Monterrey) y a la activista Cecilia Rivas (5 de noviembre, Morelia). Los tres líderes habían denunciado públicamente presuntos nexos entre el crimen organizado y sectores del gobierno federal, particularmente en estados gobernados por Morena. Aunque la Fiscalía General de la República asegura que investiga los casos como “crímenes de odio político”, las familias de las víctimas y organizaciones como el Frente Nacional por la Democracia acusan una “persecución sistemática” orquestada desde Los Pinos.
Sheinbaum, en una conferencia matutina de emergencia, condenó la violencia y justificó la valla como “medida preventiva ante amenazas creíbles de infiltración”. Sin embargo, la oposición, liderada por el PAN y el PRI, calificó la estructura como “un símbolo de autoritarismo” y exigió su destitución. “No se combate la violencia con muros, se combate con justicia”, declaró la senadora Xóchitl Gálvez desde el Congreso.
Tras el derribo, los manifestantes intentaron avanzar hacia la Puerta Mariana del Palacio, pero fueron contenidos con gases lacrimógenos y cañones de agua. Al amanecer, el Zócalo amaneció cubierto de escombros, grafitis y pancartas que rezaban “Basta de sangre conservadora”. Organizaciones internacionales como Human Rights Watch y Amnistía Internacional emitieron comunicados exigiendo investigaciones independientes y el cese de la represión.
El incidente ha profundizado la crisis política del gobierno de Sheinbaum, cuyo índice de aprobación, según encuestas recientes, ha caído por debajo del 40%. Analistas advierten que la incapacidad para esclarecer los asesinatos y la respuesta militarizada podrían desencadenar una ola de protestas nacionales, especialmente en estados clave como Jalisco y Nuevo León. Por ahora, el Palacio Nacional permanece blindado con un nuevo cordón de seguridad, mientras la ciudadanía mexicana se pregunta si el muro caído es solo el inicio de una fractura mayor en el tejido social del país.





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