La Conferencia de las Partes de la ONU sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP) ha iniciado este viernes 14 de noviembre de 2025 e...
La Conferencia de las Partes de la ONU sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP) ha iniciado este viernes 14 de noviembre de 2025 en Ginebra un debate explosivo para prohibir globalmente los filtros de cigarrillos, calificados como el "desecho tóxico más común del planeta" por su composición de acetato de celulosa, un plástico no biodegradable que libera microplásticos y metales pesados en océanos y suelos. La propuesta, impulsada por un bloque de 50 países en desarrollo liderados por Brasil y Kenia, busca eliminar los filtros para 2030 bajo el Convenio de Estocolmo, argumentando que 4,5 billones de colillas se desechan anualmente, contaminando 1.500 litros de agua por unidad y representando el 30 % de la basura marina recogida en playas. El debate subraya cómo la agenda climática se utiliza para justificar el control y la prohibición de productos tradicionales como el tabaco, un sector que genera 800.000 millones de dólares anuales y emplea a 60 millones de personas en la cadena de suministro.
Los filtros, introducidos en los años 50 como "reducción de daño" para filtrar alquitrán y nicotina, han sido desmontados por estudios que demuestran que no disminuyen riesgos de cáncer ni enfermedades cardiovasculares, pero sí liberan 7.000 sustancias químicas tóxicas al medioambiente, incluyendo arsénico y plomo. La propuesta obliga a las tabaqueras a reformular cigarrillos sin filtro o con alternativas biodegradables como papel o algodón, con un coste estimado de 50.000 millones de dólares en reconversión industrial. Países como Australia y Canadá ya han avanzado en prohibiciones locales, pero la ONU busca un mandato global que afectaría a 1.100 millones de fumadores, con sanciones comerciales a naciones que no cumplan.
La Unión Europea acude a la cumbre dividida: España, Francia e Italia defienden exenciones por impacto en el empleo —el tabaco genera 300.000 puestos en la UE—, mientras Alemania y Países Bajos apoyan la prohibición total. La Comisión Europea, sin posición común, ha enviado un equipo técnico que prioriza "transición justa" con subsidios de 10.000 millones del Fondo Verde Climático para reconvertir plantaciones en América Latina y África. Las tabaqueras, lideradas por Philip Morris y British American Tobacco, han lanzado una campaña de 100 millones de dólares argumentando que "los filtros son reciclables" y que la prohibición impulsaría el mercado negro, con un 40 % de cigarrillos ilegales en la UE.
El debate ha generado protestas: 5.000 agricultores en Sevilla han bloqueado carreteras con tractores exigiendo "no más prohibiciones", mientras ecologistas han desplegado 1 millón de colillas falsas en la plaza de las Naciones en Ginebra. En redes, #FiltroLibre supera los 2 millones de interacciones, con un 65 % viendo "exceso regulatorio". Económicamente, la prohibición podría costar 200.000 empleos globales. Socialmente, polariza entre salud y libertad. Políticamente, debilita a la ONU, con su aprobación al 48 %. Esta prohibición no solo filtra humo: filtra libertades en una agenda climática que controla hábitos cotidianos.





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