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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha recibido en la Casa Blanca al nuevo presidente de Siria, Ahmed al Sharaa, un exlíder islamista que Washington llegó a considerar terrorista y por cuya captura ofrecía una recompensa de 10 millones de dólares hasta 2024. La reunión, que duró 90 minutos en el Despacho Oval y culminó con un almuerzo de trabajo en la Sala Azul, marca un giro diplomático sin precedentes en la política exterior estadounidense hacia Oriente Medio, donde Trump ha justificado el encuentro como "una oportunidad para estabilizar Siria y combatir el verdadero terrorismo". Al Sharaa, de 43 años y antiguo comandante de Hayat Tahrir al Sham (HTS), organización vinculada a Al Qaeda hasta su disolución en 2023, llegó al poder en diciembre de 2024 tras derrocar a Bashar al Assad en una ofensiva relámpago respaldada por Turquía y financiada con fondos qataríes, prometiendo un "gobierno inclusivo" que ha sido cuestionado por ejecuciones sumarias y la imposición de la sharia en Aleppo y Idlib.
Trump, que en 2018 incluyó a HTS en la lista de organizaciones terroristas y ofreció 10 millones por la cabeza de Al Sharaa —entonces conocido como Abu Mohammad al Jolani—, ha defendido la reunión como "realpolitik pura", argumentando que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo" y que Al Sharaa ha "cortado lazos con el yihadismo global" para enfocarse en la reconstrucción siria. En una rueda de prensa conjunta, Trump ha anunciado un paquete de 500 millones de dólares en ayuda humanitaria para Siria, la eliminación de sanciones a Damasco y la apertura de una embajada en 2026, a cambio de garantías de Al Sharaa para combatir al Estado Islámico residual y permitir bases estadounidenses en el este del país. El sirio, vestido con traje oscuro y corbata roja, ha prometido "una Siria libre de Assad y de Irán", y ha agradecido a Trump "por ver la verdad detrás de las etiquetas".
La visita, que incluyó un recorrido por el Jardín de las Rosas y una foto oficial frente al retrato de George Washington, ha generado reacciones encontradas. En Washington, demócratas como Chuck Schumer han calificado el encuentro de "traición a las víctimas del terrorismo", recordando que HTS fue responsable de 2.000 muertes civiles entre 2015 y 2020. En Siria, miles han celebrado en Damasco con banderas estadounidenses improvisadas, mientras en Idlib, 5.000 manifestantes han quemado efigies de Trump por "aliarse con un dictador disfrazado". La oposición siria en el exilio ha denunciado "legitimación de un terrorista", y Amnistía Internacional ha exigido investigaciones por crímenes de guerra.
El impacto es global. Económicamente, el levantamiento de sanciones podría liberar 5.000 millones en comercio sirio. Socialmente, divide a refugiados, con un 60% apoyando la estabilidad según encuestas en Turquía. Políticamente, fortalece a Trump como dealmaker, con su aprobación al 55%. Esta reunión no solo recibe a un ex terrorista: redefine alianzas en un Oriente Medio volátil.





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