El cuerpo de Agents Rurals ha actualizado la cifra de jabalíes hallados muertos en el perímetro restringido de seis kilómetros alrededor del...
El cuerpo de Agents Rurals ha actualizado la cifra de jabalíes hallados muertos en el perímetro restringido de seis kilómetros alrededor del brote de peste porcina africana (PPA) en el parque natural de Collserola, cerca de Barcelona. Lo que inicialmente se estimaba en una cincuentena de cadáveres sospechosos ha escalado a más de 50, con nueve casos confirmados positivos por el Laboratorio Central de Veterinaria de Algete, en Madrid. Estos positivos se concentran en las inmediaciones boscosas del campus de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), en Cerdanyola del Vallès, donde el virus reaparece en España por primera vez en 31 años, desde su erradicación en 1994. Los primeros dos ejemplares fueron detectados el 25 y 26 de noviembre, seguidos de cuatro más el 28, y siete adicionales confirmados este martes, elevando el total a nueve muertes directas por la enfermedad. Otros 40 cuerpos están en análisis, y el Ministerio de Agricultura reporta 14 sospechosos en total, lo que ha disparado la alerta en un ecosistema urbano como Collserola, donde los jabalíes son comunes y se acercan a zonas habitadas en busca de alimento.
La PPA, una enfermedad vírica altamente contagiosa que afecta exclusivamente a cerdos domésticos, jabalíes europeos y facóqueros africanos, provoca fiebre elevada, anorexia, hemorragias internas y una mortalidad que puede rozar el 100% en dos a diez días. No representa riesgo para humanos ni se transmite por consumo de carne, pero su impacto económico es devastador para el sector porcino, que en Cataluña genera el 19,3% de las exportaciones agroalimentarias. El brote, confinado por ahora a fauna silvestre, amenaza con saltar a las 5.000 granjas porcinas de la región si no se contiene. Ninguna explotación doméstica ha dado positivo hasta la fecha, pero 39 granjas en un radio de 20 kilómetros están confinadas, con protocolos de bioseguridad reforzados: dobles vallados impermeables, desinfecciones y sacrificio total en caso de contagio. El director general de Mercolleida, Miquel Bergés, estima pérdidas iniciales de 12 millones de euros para los ganaderos, agravadas por restricciones a exportaciones. Países como el Reino Unido han suspendido importaciones de carne fresca y embutidos españoles, salvo excepciones fuera de la zona de Barcelona, mientras la Unión Europea ha enviado un equipo de veterinarios de emergencia este martes para asesorar en el control.
El origen del brote sigue bajo investigación, pero el conseller de Agricultura, Òscar Ordeig, apunta a una hipótesis plausible: un bocadillo con embutido contaminado, posiblemente importado ilegalmente de Europa del Este —donde la PPA es endémica—, abandonado en una zona de servicio de la AP-7, cerca del campus de la UAB. Los jabalíes, atraídos por basuras y restos de picnic, habrían ingerido el virus, que sobrevive en carne infectada. "La posibilidad es elevada en una área con mucho tráfico de camiones", ha explicado Ordeig, aunque sin pruebas concluyentes. Expertos del IRTA-CReSA, como la bióloga Carme Rosell, enfatizan que el virus viaja por humanos: "Los jabalíes rebuscan en contenedores, y si hay restos contaminados, el contagio es rápido". La Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM) ha rechazado implicaciones, defendiendo el "civismo" de los conductores y exigiendo no estigmatizar al sector.
Ante la escalada, la Generalitat ha activado un plan de contingencia masivo. Un perímetro de seis kilómetros está blindado, afectando a 76 municipios, incluyendo Barcelona, con prohibición de actividades al aire libre: senderismo, ciclismo, caza y recolección de setas. Más de 250 efectivos —Mossos d'Esquadra, Agentes Rurales, Guardia Urbana y policías locales— patrullan accesos, con helicópteros para vigilancia aérea y trampas para capturar jabalíes infectados. La Unidad Militar de Emergencias (UME) se ha desplegado con un centenar de efectivos para desinfecciones masivas y batidas "metro a metro", una medida pedida por el Govern para evitar la propagación. Ordeig apela a la ciudadanía: "Si ven un animal muerto, llamen al 112 sin tocarlo; no alimenten jabalíes ni dejen residuos". Ayuntamientos extremarán la limpieza de papeleras y contenedores, elevando comederos de gatos para disuadir a la fauna silvestre.
Políticamente, el tema ha generado tensiones. Yolanda Díaz, vicepresidenta y ministra de Trabajo, ha anunciado que las empresas afectadas —desde mataderos hasta exportadores— podrán acogerse a Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) si el brote impacta en la producción. "Apoyaremos al sector para mitigar daños", ha dicho, reconociendo la "gravedad económica". El presidente Pedro Sánchez pide "calma" y coordinación con la UE, mientras cazadores y ecologistas colaboran en la "mesa de Collserola" para reducir la densidad de jabalíes, un problema crónico en la zona. Ganaderos locales claman por más control poblacional: "Hace años pedimos vallados y batidas; ahora es urgente". Sin vacuna disponible, el éxito depende de la vigilancia intensiva, como en Bélgica o Suecia, que erradicaron focos similares. Si se contiene en silvestres, el impacto será limitado; de lo contrario, podría devastar una industria clave. Por ahora, la prioridad es blindar Collserola y rastrear cada cadáver, en una carrera contra un virus silencioso pero letal.





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