La Unión Europea ha cerrado un acuerdo político histórico para endurecer la Ley Europea del Clima y fijar un objetivo de reducción del 90 % de las emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2040 respecto a los niveles de 1990, un paso intermedio que allana el camino hacia la neutralidad climática total en 2050. El pacto, alcanzado tras 14 horas de negociación en el Consejo de Medio Ambiente, ha sido respaldado por 25 Estados miembros —con Polonia y Hungría absteniéndose— y supone el recorte más ambicioso jamás acordado por un bloque económico de 450 millones de habitantes, con implicaciones directas en industria, transporte, agricultura y energía que podrían costar entre 2 y 3 billones de euros en inversiones públicas y privadas hasta 2040.
El acuerdo establece tres pilares:
- Eliminación progresiva del carbón y el gas natural en generación eléctrica antes de 2035, con cierre obligatorio de todas las centrales de ciclo combinado antes de 2040.
- Electrificación total del transporte ligero (100 % de coches nuevos eléctricos o de hidrógeno en 2035) y reducción del 65 % en camiones y autobuses diésel.
- Reforma agraria verde: reducción del 45 % en emisiones de metano y óxido nitroso mediante limitación de fertilizantes nitrogenados y ganadería intensiva.
El comisario de Acción Climática, Wopke Hoekstra, ha calificado el objetivo del 90 % como “ambicioso pero alcanzable” y ha anunciado un fondo de transición de 1,2 billones de euros entre 2028 y 2040, financiado con un nuevo impuesto a las grandes fortunas y un gravamen europeo al queroseno de aviación. Alemania, principal impulsora junto a Francia y España, ha aceptado el objetivo a cambio de que se mantengan excepciones para su industria automovilística hasta 2038 y se incluyan los combustibles sintéticos (e-fuels) como tecnología válida.
Polonia, que genera el 70 % de su electricidad con carbón, ha logrado un fondo de compensación de 120.000 millones para reconvertir sus minas, mientras Hungría ha obtenido moratorias en agricultura. Los países del Este han exigido que el cálculo incluya sumideros de carbono (bosques) y captura de CO₂, lo que reduce la carga real de reducción en un 12 %.
El pacto llega tras un año de protestas agrarias y con la industria automovilística europea en crisis: Volkswagen ha anunciado el cierre de tres plantas en Alemania y 30.000 despidos si no se flexibiliza el objetivo. Las aerolíneas, con Ryanair y Lufthansa a la cabeza, han advertido de subidas de billetes del 35 % por el impuesto al queroseno.
En redes #90porCiento2040 supera los 2,1 millones de interacciones, con un 58 % celebrando el “liderazgo verde” y un 38 % criticando “el suicidio industrial”. Organizaciones ecologistas como Greenpeace lo califican de “paso histórico pero insuficiente”, mientras la patronal CEOE europea habla de “locura regulatoria”.
Económicamente, el plan exige 2,5 billones en inversiones verdes hasta 2040. Socialmente, tensiona a agricultores y transportistas. Políticamente, divide a la UE entre pioneros y rezagados. Europa no solo reduce emisiones: reduce su margen de maniobra en un mundo que no sigue el mismo ritmo.

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