Fuerzas navales estadounidenses han interceptado y confiscado un petrolero sancionado de bandera venezolana a 180 millas náuticas al nort...
Fuerzas navales estadounidenses han interceptado y confiscado un petrolero sancionado de bandera venezolana a 180 millas náuticas al norte de Aruba, en aguas internacionales del Caribe, en la primera operación marítima directa contra el régimen de Nicolás Maduro desde la reelección de Donald Trump. Según fuentes citadas por Bloomberg, el buque —un VLCC de 320.000 toneladas de capacidad cargado con 2 millones de barriles de crudo Merey 16— había partido del terminal de Jose (Anzoátegui) con destino a China y fue abordado por un equipo de la Marina de EE.UU. apoyado por el destructor USS Delbert D. Black y helicópteros Seahawk. Tras la operación, el petrolero fue desviado al puerto de Willemstad (Curazao), bajo control aliado, donde permanece custodiado por marines estadounidenses.
La acción se enmarca en la nueva política de “tolerancia cero” de Trump contra el “narco-régimen venezolano”, que incluye la designación del Cártel de los Soles como organización terrorista y la ampliación de sanciones secundarias a cualquier buque que transporte petróleo venezolano. Fuentes del Pentágono han confirmado que el petrolero figuraba en la lista OFAC desde 2023 por transportar crudo para empresas iraníes y rusas, y que su carga, valorada en 160 millones de dólares, será subastada en EE.UU. para indemnizar a acreedores de Venezuela y financiar programas antidroga.
La operación, bautizada internamente como Iron Reef, es la primera confiscación física de un activo venezolano en alta mar desde la captura del Grace 1 iraní en Gibraltar en 2019. No se han registrado heridos, pero la tripulación de 24 marineros —19 venezolanos y 5 filipinos— ha sido detenida y será procesada en territorio estadounidense por violación de sanciones.
Ni la Casa Blanca ni PDVSA han emitido comentarios oficiales, pero el ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López, ha calificado la acción de “piratería moderna” y ha anunciado maniobras navales conjuntas con Rusia y Cuba en el Caribe para “proteger la soberanía marítima”. En Caracas, cientos de chavistas han quemado banderas estadounidenses frente a la embajada, mientras la oposición liderada por María Corina Machado ha celebrado la medida como “un paso hacia la libertad”.
El petróleo confiscado representa el 8 % de las exportaciones diarias venezolanas y agrava la crisis de PDVSA, que ya opera al 35 % de capacidad por falta de diluyentes y sanciones. Los precios del crudo Brent han subido un 3 % a 82 dólares tras la noticia.
En redes #USAVenezuela supera los 3,1 millones de interacciones, con un 68 % apoyando la acción como “ne como “necesaria” y un 28 % condenándola como “agresión imperialista”. Económicamente, agrava la crisis venezolana, con la gasolina ya racionada. Socialmente, polariza aún más al país. Políticamente, marca el inicio de la prometida “mano dura de Trump. Un petrolero confiscado no es solo crudo: es el primer disparo real de una nueva guerra fría en el Caribe.
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