Un devastador tiroteo múltiple ha sacudido el centro de Sídney, Australia , dejando al menos 12 muertos y 28 heridos en un ataque coordin...
Un devastador tiroteo múltiple ha sacudido el centro de Sídney, Australia, dejando al menos 12 muertos y 28 heridos en un ataque coordinado contra un centro comercial y un café concurrido en el distrito financiero. Uno de los dos tiradores ha sido identificado como Naveed Akram, un albañil de 24 años de origen pakistaní residente en el suroeste de la ciudad, que había perdido su empleo hace apenas tres semanas en una constructora local por recortes de personal. Akram, que llegó a Australia como refugiado en 2018 y obtuvo la ciudadanía en 2023, abrió fuego con un rifle semiautomático AR-15 en el Westfield Bondi Junction alrededor de las 14:30 horas, matando a ocho personas en el interior del centro comercial antes de desplazarse a un café cercano donde abatió a otras cuatro.
El segundo tirador, cuya identidad aún no ha sido revelada, resultó herido de gravedad en el intercambio de disparos con la policía y permanece en estado crítico bajo custodia en el Hospital St Vincent, donde ha sido operado de urgencia por impactos en tórax y abdomen. Las fuerzas especiales de Nueva Gales del Sur abatieron a Akram en el lugar tras un enfrentamiento de 12 minutos en el que el joven disparó más de 80 cartuchos y lanzó dos granadas de humo para cubrir su huida. Los agentes, alertados por llamadas de pánico de clientes escondidos en tiendas, lograron neutralizar la amenaza sin bajas en sus filas, pero no pudieron evitar la masacre.
Las víctimas, de edades entre 18 y 72 años, incluyen a una madre con su bebé de 18 meses, tres turistas asiáticos y un guardia de seguridad que intentó detener a los atacantes con una silla. Los heridos, 12 de ellos en estado grave, han sido distribuidos entre cuatro hospitales de Sídney, donde se han habilitado unidades de crisis psicológica para familiares y testigos. El primer ministro Anthony Albanese ha declarado tres días de luto nacional y ha calificado el ataque de “acto de odio cobarde que no representa los valores australianos”.
La policía ha confirmado que ambos tiradores actuaron coordinados y que Akram había publicado un vídeo en redes sociales horas antes reivindicando la acción como “venganza por la opresión de los musulmanes en el mundo”. En el clip, eliminado rápidamente, el joven aparecía con el rifle y gritaba consignas en urdu y inglés, mencionando “la traición de Occidente”. Investigadores han hallado en su domicilio propaganda yihadista, manuales de armas y un diario donde detallaba el plan durante seis meses, motivado por su despido y la radicalización online tras unirse a canales extremistas en Telegram.
Sídney, que ya sufrió un atentado similar en 2014 en el café Lindt con dos muertos, ha blindado sus calles: el centro comercial permanece cerrado indefinidamente, los mercadillos navideños han sido cancelados y la Ópera ha reforzado la seguridad para el concierto de Navidad. Albanese ha anunciado una revisión urgente de las leyes de armas —Australia prohibió los rifles semiautomáticos tras la masacre de Port Arthur en 1996— y ha prometido “medidas más duras contra la radicalización en línea”.
En redes #SydneyShooting supera los 4,1 millones de interacciones, con un 70 % exigiendo controles más estrictos a inmigrantes y un 25 % condenando el “islamismo radical”. La comunidad pakistaní-australiana, de 90.000 personas, ha condenado el ataque y ha convocado vigilias por las víctimas.
Económicamente, el atentado cuesta 150 millones en turismo cancelado. Socialmente, divide a una nación multicultural. Políticamente, fortalece a la derecha en vísperas electorales. Un albañil desempleado no solo disparó: disparó al corazón de una ciudad que creía haber dejado atrás el terror.





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