Pilar Alegría , hasta ahora ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, así como portavoz del Gobierno, ha presentado su dimi...
Pilar Alegría, hasta ahora ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, así como portavoz del Gobierno, ha presentado su dimisión irrevocable de todos sus cargos en el Ejecutivo para centrarse en su candidatura a la presidencia de Aragón por el PSOE en las elecciones autonómicas previstas para mayo de 2027. La renuncia, anunciada en una rueda de prensa improvisada en la sede de Ferraz junto al secretario de Organización socialista, Santos Cerdán, marca un punto de inflexión en la carrera de Alegría, de 48 años y una de las caras más visibles del sanchismo, que deja el Consejo de Ministros en plena tormenta por los casos de corrupción que salpican al partido y al Gobierno.
Alegría, zaragozana de nacimiento y con una trayectoria de 25 años en el PSOE aragonés —donde fue consejera de Innovación con Javier Lambán entre 2015 y 2019—, ha justificado su decisión como “un compromiso con mi tierra y con el futuro de Aragón”. “He servido con lealtad al presidente Sánchez y al proyecto nacional, pero Aragón me necesita ahora más que nunca para recuperar el gobierno autonómico y devolver la ilusión a los aragoneses”, ha declarado visiblemente emocionada, acompañada de aplausos de la militancia reunida en la sede federal. Su salida se produce apenas 48 horas después de que el PSOE aragonés la designara candidata en un comité regional extraordinario, con el 92 % de los votos y el respaldo unánime de la dirección federal.
La dimisión deja un vacío en el Gobierno en un momento delicado: Alegría era la voz más reconocida en las ruedas de prensa post-Consejo de Ministros y una de las pocas ministras que mantenía índices de aprobación positivos en las encuestas internas. Su cartera de Educación, marcada por la implantación de la LOMLOE y las tensiones con comunidades autónomas por la asignatura de Religión y el currículo de Historia, pasará a manos de un sustituto que Sánchez anunciará en los próximos días, con nombres como el de la secretaria de Estado de Educación, Pilar Vega, circulando en los pasillos de Moncloa.
El movimiento responde a una estrategia diseñada desde hace meses: el PSOE ve en Alegría la única figura capaz de recuperar la presidencia aragonesa, perdida en 2023 ante el PP de Jorge Azcón por apenas 2.000 votos. Aragón, con sus 35 escaños en las Cortes y un peso simbólico en el socialismo territorial, es considerada clave para el equilibrio interno del partido y para frenar el avance de la derecha en el valle del Ebro. Alegría, que ya fue candidata en 2011 y obtuvo el mejor resultado histórico del PSOE en Zaragoza capital, regresa a casa con la misión de “reconstruir puentes” con el lambanismo y atraer al voto moderado desencantado con el PP.
Su adiós al Gobierno llega en la peor semana para el PSOE: con detenciones en la trama Koldo-Plus Ultra, la investigación a Leire Díez y el escándalo de los contratos energéticos, la salida de una de las ministras más fieles a Sánchez se interpreta como un intento de “desconectar” la crisis nacional del proyecto aragonés. Fuentes internas aseguran que la propia Alegría pidió el cambio para “evitar que la corrupción madrileña contamine la campaña en Aragón”.
La oposición ha reaccionado con ironía: el PP ha calificado la dimisión de “huida de ratas de un barco que se hunde”, mientras Vox ha exigido que Alegría “devuelva el sueldo de ministra” si no completa la legislatura. En Aragón, Jorge Azcón ha celebrado que “el PSOE reconoce su fracaso enviando a una ministra quemada”.
Alegría, que mantendrá su acta de diputada por Zaragoza hasta la disolución de las Cortes, iniciará esta semana una ronda de contactos con alcaldes y militantes en las tres provincias aragonesas. Su lema de campaña, filtrado ya en Ferraz, será “Aragón primero, siempre”.
Económicamente, su salida no altera los Presupuestos, pero debilita la imagen de estabilidad del Gobierno. Socialmente, refuerza su perfil como política de proximidad. Políticamente, es un movimiento de supervivencia para el PSOE en un territorio clave. Pilar Alegría no solo dimite: se reinventa para intentar salvar al partido en su tierra.





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