La startup francesa Ÿnsect, considerada la mayor fábrica de insectos comestibles de Europa y uno de los proyectos estrella de la alimentac...
La startup francesa Ÿnsect, considerada la mayor fábrica de insectos comestibles de Europa y uno de los proyectos estrella de la alimentación alternativa, ha entrado en liquidación judicial, declarando su insolvencia tras años de pérdidas acumuladas y un agotamiento total de su caja. La compañía, que llegó a captar más de 600 millones de dólares en financiación pública y privada —incluyendo rondas lideradas por fondos europeos, inversores institucionales y subsidios comunitarios para la “proteína sostenible”—, no ha logrado hacer viable su modelo de negocio y pone fin a una aventura que prometía revolucionar la industria alimentaria con harina de gusano y proteínas de insecto para consumo humano y animal.
Ÿnsect, fundada en 2011, construyó en 2022 la que se presentó como la mayor granja vertical de insectos del mundo en Amiens, con una capacidad para producir 100.000 toneladas anuales de proteína de Tenebrio molitor (gusano de la harina). La planta, bautizada como “Ÿnfab”, costó más de 200 millones de euros y fue inaugurada con gran pompa por autoridades francesas y europeas, que la señalaron como ejemplo de la transición hacia una alimentación “verde” y circular. La empresa llegó a emplear a más de 300 personas y exportaba a varios países, con contratos para piensos animales y, más recientemente, ingredientes para alimentación humana tras la aprobación europea de insectos como novel food.
El colapso ha sido progresivo pero implacable: las ventas nunca alcanzaron las previsiones, con un mercado aún incipiente y reticente tanto en el sector ganadero —que prefiere proteínas tradicionales más baratas— como en el consumo humano, donde el rechazo cultural sigue siendo elevado. Los costes operativos, elevados por la alta tecnología de la granja vertical —robots, control climático y alimentación específica—, han superado con creces los ingresos, generando pérdidas anuales que oscilaban entre 50 y 80 millones de euros. La última ronda de financiación, cerrada en 2023 por 160 millones, no logró atraer nuevos inversores en 2025, y los bancos acreedores han forzado la liquidación al no ver viabilidad.
El impacto es múltiple: los 300 empleados directos han sido despedidos con carácter inmediato, y cientos de proveedores —desde fabricantes de maquinaria hasta productores de sustratos— enfrentan facturas impagadas por decenas de millones. La planta de Amiens, valorada en más de 250 millones, será subastada en los próximos meses, probablemente a precio de saldo. El fracaso de Ÿnsect arrastra también a otras startups del sector en Europa, que ven cómo los fondos de venture capital se alejan de la “proteína de insecto” ante la falta de rentabilidad a corto plazo.
La quiebra certifica el fin de una burbuja inversora que, impulsada por la agenda verde europea y los objetivos de reducción de emisiones en la ganadería, inyectó cientos de millones en proyectos similares sin un mercado maduro. Los defensores de la proteína alternativa lamentan la pérdida de un líder que “llegó demasiado pronto”, mientras críticos del modelo señalan que “la obsesión por lo sostenible ignoró la realidad económica y el rechazo del consumidor”. La UE, que aportó decenas de millones en subsidios directos e indirectos, enfrenta ahora preguntas sobre la gestión de fondos públicos en industrias emergentes de alto riesgo.
Ÿnsect no solo cierra sus puertas: cierra un capítulo de la alimentación del futuro que prometía mucho pero no logró convencer al presente. Los 600 millones quemados no son solo una pérdida financiera: son la prueba de que no toda innovación verde es viable en el mercado real. El gusano de la harina, que iba a salvar el planeta, termina devorado por la realidad económica.





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