Rusia ha intensificado su ofensiva en Ucrania al ritmo más vertiginoso desde el comienzo de la invasión en febrero de 2022 , capturando ...
Rusia ha intensificado su ofensiva en Ucrania al ritmo más vertiginoso desde el comienzo de la invasión en febrero de 2022, capturando 505 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano en noviembre de 2025, el doble de los 250 km² tomados en octubre, según los datos del mapa interactivo Deep State y el análisis del Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW). Esta aceleración, que se concentra en el Donbás y el frente sur de Zaporiyia, responde a una estrategia deliberada de Moscú para consolidar ganancias territoriales antes de las negociaciones de paz que Donald Trump ha prometido iniciar en su segundo mandato, con el objetivo de presionar a Kiev y a sus aliados occidentales a aceptar un acuerdo en términos favorables a Rusia, que incluya la anexión de facto de Crimea, Donetsk, Luhansk, Jersón y Zaporiyia.
El avance ruso, que ha permitido la toma de 12 pueblos en el oblast de Donetsk y la penetración de 8 kilómetros en las defensas ucranianas cerca de Velyka Novosilka, se ha facilitado por la superioridad numérica de 3 a 1 en tropas y la intensificación de bombardeos con drones Lancet y misiles Iskander, que han destruido más de 150 posiciones artilleras ucranianas en el último mes. El ISW estima que Moscú ha movilizado 120.000 reservistas adicionales desde noviembre, equipados con tanques T-90M y sistemas S-400 que han neutralizado el 40 % de los envíos de munición occidental a Kiev. Estos éxitos, que han elevado la línea de frente en 15 kilómetros en algunas secciones, han permitido a Rusia controlar ahora el 19 % del territorio ucraniano, el mayor avance desde la contraofensiva de Járkov en 2022.
El Kremlin interpreta estos logros como palanca para forzar un alto el fuego en condiciones ventajosas, con Vladimir Putin declarando que "la paz llegará cuando Ucrania reconozca la realidad del terreno". Analistas coinciden en que el cálculo de Moscú es convencer a Trump, quien ha calificado la ayuda a Kiev de “pérdida de tiempo” y ha prometido un acuerdo en 100 días, de que continuar el apoyo occidental es fútil ante el ímpetu ruso. Fuentes de inteligencia en Washington indican que el equipo de transición de Trump ya estudia un plan que incluya la neutralidad ucraniana y la partición de facto, a cambio de la retirada rusa de Járkov y Odesa, pero con concesiones territoriales que beneficiarían a Putin.
Ucrania, por su parte, ha respondido con contraataques limitados en Kurjiv y Pokrovsk, destruyendo 28 tanques rusos con drones FPV, pero el agotamiento de munición —con solo 20 % de las reservas de HIMARS— ha forzado a Volodímir Zelenski a pedir a la OTAN un envío urgente de 500.000 proyectiles de artillería antes de Navidad. La economía ucraniana, con un PIB contraído un 28 % desde 2022, depende ahora de un alto el fuego para atraer 200.000 millones en reconstrucción, pero las ganancias rusas en noviembre han elevado el coste estimado a 486.000 millones, según el Banco Mundial.
En redes, #RusiaAvanza supera los 2,9 millones de interacciones, con un 65 % analizando el impacto de Trump. Económicamente, el avance ruso amenaza el 15 % de las exportaciones de grano ucraniano. Socialmente, genera pánico en Kiev con 100.000 evacuados del Donbás. Políticamente, acelera la fatiga occidental, con Alemania reduciendo envíos de Leopard un 30 %. Rusia no solo conquista tierra: conquista la narrativa de una paz inminente a su medida.





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