Taiwán ha iniciado una serie de simulacros militares con fuego real en respuesta directa a los ejercicios a gran escala denominados “ Mis...
Taiwán ha iniciado una serie de simulacros militares con fuego real en respuesta directa a los ejercicios a gran escala denominados “Misión Justicia 2025” que China está llevando a cabo en todo su territorio, con especial intensidad en las zonas marítimas y aéreas que rodean la isla. Las maniobras taiwanesas, que incluyen el despliegue de artillería pesada, misiles antiaéreos y cazas F-16 en la costa oeste, buscan demostrar la capacidad de defensa de la isla frente a lo que Taipéi califica de “provocación abierta y amenaza existencial”. El Ministerio de Defensa taiwanés ha elevado el nivel de alerta al máximo y ha movilizado reservas para reforzar posiciones clave en las islas Penghu y Kinmen, a pocos kilómetros de la costa china.
Los ejercicios chinos “Misión Justicia 2025”, que comenzaron el lunes y se extenderán hasta el 5 de enero de 2026, involucran a todas las ramas del Ejército Popular de Liberación: la armada ha desplegado el portaaviones Liaoning y decenas de buques de guerra que han cruzado repetidamente la línea media del estrecho de Taiwán; la aviación ha realizado más de 200 incursiones en la zona de identificación de defensa aérea taiwanesa con cazas J-20 y bombarderos H-6; el ejército de tierra ha practicado desembarcos anfibios en la provincia de Fujian; y la fuerza de cohetes ha lanzado misiles balísticos en trayectorias que sobrevolan la isla. Pekín ha descrito estas maniobras como una “advertencia severa” contra las “fuerzas separatistas” y ha asegurado que son “necesarias para defender la soberanía nacional”.
La respuesta taiwanesa ha sido inmediata y contundente: los simulacros con fuego real incluyen el lanzamiento de misiles Patriot y Sky Bow para interceptar objetivos simulados, ejercicios de artillería con obuses de 155 mm en la costa de Kaohsiung y despliegues de drones de ataque en las islas periféricas. La presidenta Lai Ching-te ha supervisado personalmente las operaciones desde el centro de mando en Taipéi y ha declarado que “Taiwán no se intimidará ante la agresión; defenderemos cada centímetro de nuestra tierra con determinación”. Las maniobras taiwanesas también han incorporado por primera vez sistemas de guerra electrónica para interferir señales enemigas y simulaciones de defensa contra desembarcos masivos.
La escalada ha generado una crisis regional sin precedentes: el tráfico aéreo civil ha sido desviado en un radio de 500 kilómetros, con cientos de vuelos cancelados en Taipéi, Hong Kong y Shanghái. Las rutas marítimas comerciales han sufrido interrupciones, con pérdidas estimadas en cientos de millones de dólares para el transporte de mercancías. Estados Unidos ha condenado las maniobras chinas como “irresponsables” y ha enviado el portaaviones USS Carl Vinson al mar de Filipinas como medida disuasoria, mientras Japón ha elevado su alerta en las islas Senkaku y ha realizado patrullas aéreas conjuntas con Taiwán.
El impacto económico es inmediato: las bolsas de Taipéi y Shanghái han caído un 5 % en promedio, con empresas de semiconductores como TSMC sufriendo pérdidas de capitalización por temores a disrupciones en la cadena de suministro global. La comunidad internacional ha llamado a la contención: la ONU ha convocado una sesión de emergencia, mientras la ASEAN y la Unión Europea han expresado “profunda preocupación” por la estabilidad en el Indo-Pacífico.
Estas maniobras simultáneas no son un ejercicio rutinario: son una demostración de fuerza que pone a prueba los límites de la disuasión mutua. China envía un mensaje de que Taiwán es una “línea roja”, mientras la isla responde que está preparada para defender su democracia. El estrecho de Taiwán, una de las rutas marítimas más transitadas del mundo, se ha convertido en un polvorín donde cada disparo de simulacro resuena como una advertencia real. El 2026 arranca con el mundo conteniendo el aliento ante una crisis que podría redefinir el equilibrio de poder en Asia.
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