Una llamada de apenas 15 minutos entre Donald Trump y Nicolás Maduro el 21 de noviembre ha sellado el aislamiento del líder chavista, segú...
Una llamada de apenas 15 minutos entre Donald Trump y Nicolás Maduro el 21 de noviembre ha sellado el aislamiento del líder chavista, según reveló Reuters este lunes citando a cuatro fuentes cercanas a la conversación. Trump, en su tono directo y sin concesiones, exigió a Maduro una renuncia inmediata y la salida del país con su familia antes del 28 de noviembre, ofreciendo un "pasillo seguro" a cualquier destino. Pero el presidente venezolano, acorralado por sanciones y protestas internas, contraatacó con demandas que Washington tachó de "inaceptables", dejando al régimen sin oxígeno diplomático en momentos en que el Ejército estadounidense despliega portaaviones en el Caribe.
La conversación, mediada por Brasil, Qatar y Turquía, expuso la desesperación de Maduro. Según las fuentes, solicitó una amnistía global para él, su esposa Cilia Flores y su hijo Nicolás Ernesto, incluyendo el retiro inmediato de la orden de arresto de la Corte Penal Internacional por presuntos crímenes contra la humanidad durante las masacres postelectorales de julio. Además, pidió la eliminación de sanciones contra unos 100 allegados, como el ministro Diosdado Cabello —indiciado en EE.UU. por narcotráfico— y otros acusados de corrupción que han desviado miles de millones en petróleo. "Sin inmunidad total, no hay salida", habría dicho Maduro, evocando el exilio dorado de aliados como Evo Morales.
Otro punto clave: la transición. Maduro propuso que Delcy Rodríguez, vicepresidenta y mano derecha del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), encabezara un gobierno interino de 18 meses antes de elecciones libres supervisadas por la OEA. Rodríguez, sancionada por la UE y EE.UU. por su rol en la "Lista de la Muerte" de disidentes, sería un guiño a la continuidad chavista, reteniendo control sobre las Fuerzas Armadas y el petróleo —clave para el 95% de las exportaciones venezolanas. Trump, asesorado por Marco Rubio y Mike Pompeo, rechazó en bloque: "No negociamos con dictadores que roban elecciones y trafican fentanilo", según un funcionario de Mar-a-Lago. El plazo expiró el viernes, y el sábado Trump decretó el cierre total del espacio aéreo venezolano, prohibiendo vuelos comerciales, militares y de "narcotraficantes", vía Truth Social.
Este pulso no surge de la nada. Tras las presidenciales de julio —donde Edmundo González ganó con 67% según actas independientes, pero Maduro se proclamó victorioso con 51% fraudulento—, Washington ha elevado la recompensa por su captura a 50 millones de dólares, sumando 25 millones por Cabello y otros. La administración Trump, en su segunda etapa, ve a Venezuela como el epicentro de un "narcoestado" que inunda EE.UU. con cocaína y fentanilo vía rutas del Caribe, aliada a cárteles mexicanos y Hezbolá. Fuentes de la DEA estiman que el régimen ha lavado 20.000 millones en activos desde 2013, mientras la hiperinflación devora el bolívar y siete millones de venezolanos huyen.
En Caracas, la respuesta fue belicista. Maduro, en un discurso ante miles de milicianos el domingo, denunció un "golpe yanqui" y juró "resistencia armada", pero sin el respaldo ruso o chino —que priorizan treguas con Trump—. Pidió una segunda llamada, ignorada por Washington. La oposición, liderada por María Corina Machado, celebra el aislamiento: "El fin está cerca; el pueblo no perdona fraudes". En las calles, protestas nocturnas en Maracaibo y Valencia dejan decenas de detenidos, con la Guardia Nacional respondiendo a balazos.
Analistas como el exdiplomático Roger Noriega advierten que sin salida negociada, Maduro podría radicalizarse, movilizando paramilitares o cortando el suministro petrolero a aliados como India y China. Pero con el USS Gerald R. Ford patrullando a 200 millas de La Guaira y drones Reaper sobrevolando el Orinoco, el margen es nulo. Trump, en rueda de prensa el lunes, fue lacónico: "Hablé con él; no fue productivo. Venezuela será libre pronto". Para Maduro, el reloj marca el colapso: sin amnistía, enfrenta extradición; sin sanciones levantadas, el PIB se hunde otro 30%. Esta llamada no fue diplomacia, sino ultimátum: el socialismo del siglo XXI agoniza ante la "máxima presión" 2.0.





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