Los fabricantes de trenes y las empresas encargadas del mantenimiento ferroviario han trasladado en las últimas horas una creciente inquie...
Los fabricantes de trenes y las empresas encargadas del mantenimiento ferroviario han trasladado en las últimas horas una creciente inquietud por el estado real de los raíles tras descubrirse nuevas muescas en las ruedas de varios convoyes que circularon por el mismo tramo donde se produjo el reciente descarrilamiento de un tren de alta velocidad de Iryo. Las marcas detectadas refuerzan la hipótesis de que el origen del accidente podría estar en un defecto grave de la infraestructura y no en un fallo mecánico del material rodante o en un error humano, como inicialmente se había considerado en algunos ámbitos.
Entre los trenes examinados por los investigadores figura un Talgo que había pasado por ese mismo tramo pocas horas antes del siniestro. En sus ruedas se localizaron rozaduras de características muy similares a las que presentaban las ruedas de un tren de Iryo anterior al que finalmente descarriló. Se trata de marcas profundas, de forma irregular y de un tamaño comparable al de una moneda de 50 céntimos, que evidencian un contacto anómalo y violento entre la rueda y el carril. Para los técnicos de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios, estas señales se han convertido en una prueba clave que apunta directamente a un defecto de la vía como desencadenante principal del accidente.
Las fuentes conocedoras del proceso subrayan que no se trata de un caso aislado. Al menos dos trenes de Iryo y un Talgo presentan ya estas muescas, y no se descarta que puedan aparecer en otros convoyes que circularon por el mismo punto en los días previos. Este dato ha disparado las alarmas en el sector, ya que sugiere que el problema podría llevar tiempo latente sin haber sido detectado o corregido a tiempo. La posibilidad de que un defecto estructural del carril haya afectado a varios trenes plantea serias dudas sobre los controles de mantenimiento y la frecuencia de las inspecciones en una línea de alta velocidad.
Los fabricantes han expresado su preocupación por el impacto que esta situación puede tener tanto en la seguridad como en la reputación de sus trenes. Aunque insisten en que el material rodante cumple con todos los estándares técnicos, advierten de que un carril con imperfecciones severas puede provocar daños progresivos en las ruedas y alterar el comportamiento dinámico del tren, incrementando el riesgo de descarrilamiento incluso a velocidades moderadas. Las empresas de mantenimiento, por su parte, reclaman una revisión exhaustiva del tramo afectado y de otros puntos sensibles de la red para descartar que existan defectos similares no detectados.
El hallazgo de estas marcas ha abierto una nueva fase en la investigación, centrada ahora en reconstruir la evolución del desgaste del carril y determinar desde cuándo existían esos defectos. Los peritos analizan si se trata de un fallo puntual, como una soldadura defectuosa o un desprendimiento metálico, o de un problema más amplio relacionado con la fatiga del material o con una deficiente alineación de la vía. También se estudia si los sistemas de monitorización automática pudieron pasar por alto estas anomalías o si no se interpretaron correctamente las señales de alerta.
Mientras tanto, el sector ferroviario observa con inquietud el desarrollo de las pesquisas, consciente de que sus conclusiones podrían tener consecuencias importantes en los protocolos de inspección, en los calendarios de mantenimiento y en las responsabilidades de los gestores de infraestructuras. Más allá de esclarecer las causas del accidente, el objetivo ahora es evitar que un defecto invisible vuelva a poner en riesgo la seguridad de los pasajeros y la fiabilidad de una red que es clave para la movilidad y la confianza en el transporte ferroviario de alta velocidad.





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