El descarrilamiento de un tren de alta velocidad de la compañía Iryo sigue bajo investigación y las primeras conclusiones técnicas apuntan a...
El descarrilamiento de un tren de alta velocidad de la compañía Iryo sigue bajo investigación y las primeras conclusiones técnicas apuntan a un problema en el sistema de cambio de agujas como causa probable del accidente. Fuentes cercanas a la investigación señalan que el fallo pudo originarse en una “soldadura” inadecuada durante una intervención de mantenimiento, concretamente en el embridamiento de la vía, una pieza clave para garantizar la correcta alineación de los carriles cuando un tren cambia de trayectoria.
Los expertos han detectado que algunas de las uniones del sistema no fueron realizadas mediante soldadura eléctrica, como establecen los protocolos más exigentes para líneas de alta velocidad, sino mediante soldadura manual. Esta diferencia, aparentemente menor, podría haber sido determinante. La soldadura manual es más barata y rápida de ejecutar, pero también ofrece menos garantías de resistencia y uniformidad, especialmente en puntos sometidos a grandes esfuerzos mecánicos y vibraciones constantes.
En este contexto, el llamado “enclave Adamuz” ha vuelto a situarse en el centro de las sospechas. Se trata de una instalación que históricamente ha generado numerosos problemas tanto a Renfe como a Adif, debido a su complejidad técnica y a las reiteradas incidencias registradas en los sistemas de señalización y cambio de vías. Según fuentes de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios y de la Guardia Civil, este enclave acumula un historial de averías que lo convierten en un punto especialmente sensible de la red.
El embridamiento defectuoso en los cambios de agujas es una avería relativamente común en líneas muy utilizadas o deterioradas, como las de Cercanías. En esos casos, los trenes circulan a velocidades reducidas, en torno a los 30 kilómetros por hora, lo que permite detectar el fallo sin consecuencias graves. Sin embargo, en una línea de alta velocidad, donde los convoyes superan ampliamente los 200 kilómetros por hora, cualquier irregularidad en el alineamiento de los carriles puede tener efectos devastadores.
Los investigadores sostienen que una soldadura mal ejecutada puede provocar microdesplazamientos en la aguja, imperceptibles a simple vista, pero suficientes para que una rueda pierda su correcta guía sobre el carril. Ese pequeño desajuste, multiplicado por la velocidad, puede desencadenar una cadena de acontecimientos que termine en el descarrilamiento del tren.
Además del tipo de soldadura, se está analizando si los controles posteriores a la intervención fueron los adecuados y si se respetaron los plazos y protocolos de verificación exigidos para infraestructuras de alta velocidad. La hipótesis de un ahorro de costes en detrimento de la seguridad planea sobre la investigación, ya que las fuentes consultadas admiten que la soldadura manual resulta más económica en operaciones de mantenimiento rutinario.
Mientras tanto, Adif y las compañías ferroviarias implicadas han reforzado las inspecciones en otros puntos sensibles de la red y han asegurado su colaboración plena con los investigadores. El objetivo es esclarecer con precisión qué ocurrió y determinar si existieron responsabilidades técnicas o humanas. La prioridad, subrayan, es evitar que un fallo similar vuelva a repetirse en una infraestructura donde el margen de error es mínimo y las consecuencias pueden ser trágicas.





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