Donald Trump ha anunciado la imposición de un tope máximo del 10 % anual a los intereses que los bancos y entidades financieras pueden co...
Donald Trump ha anunciado la imposición de un tope máximo del 10 % anual a los intereses que los bancos y entidades financieras pueden cobrar por los saldos pendientes en tarjetas de crédito. La medida, que entrará en vigor de forma inmediata tras su firma en una orden ejecutiva, busca frenar el endeudamiento excesivo que afecta a millones de familias de clase media en Estados Unidos, donde las tasas de interés promedio superan actualmente el 22-25 % anual, convirtiendo las deudas rotativas en una trampa casi imposible de escapar.
El presidente ha explicado que “las familias trabajadoras no pueden seguir siendo esclavas de los bancos. Un interés del 25 % o más es usura pura, y yo no voy a permitir que sigan exprimiendo a los americanos de clase media”. La orden ejecutiva obliga a todas las entidades emisoras de tarjetas —desde grandes bancos como JPMorgan Chase, Bank of America y Citigroup hasta fintechs y cooperativas— a ajustar sus tasas al nuevo límite del 10 % en un plazo máximo de 90 días. Las tarjetas que superen ese umbral deberán renegociar automáticamente los saldos existentes al nuevo tipo, lo que supondrá una reducción inmediata de los intereses para millones de titulares.
El impacto en las familias endeudadas será inmediato y significativo. Un hogar estadounidense medio con una deuda de 8.000 dólares en tarjetas de crédito pagaba hasta ahora alrededor de 2.000 dólares anuales solo en intereses. Con el nuevo tope, esa cantidad se reducirá a 800 dólares, liberando más de 1.200 dólares al año que podrán destinarse a ahorro, consumo o pago de capital. Trump ha destacado que esta medida beneficiará especialmente a los trabajadores de ingresos medios y bajos —el 60 % de los estadounidenses que mantienen saldos mensuales—, y que “devolverá miles de millones de dólares a los bolsillos de la gente real, no a los accionistas de Wall Street”.
La banca ha reaccionado con alarma. Asociaciones del sector han advertido que el tope del 10 % “destruirá la rentabilidad del negocio de tarjetas” y obligará a subir comisiones de mantenimiento, reducir límites de crédito y endurecer los requisitos de concesión, lo que podría dejar sin acceso a crédito a millones de personas con historial crediticio débil. Algunos analistas estiman que los bancos perderán entre 40.000 y 60.000 millones de dólares anuales en ingresos por intereses, lo que podría traducirse en recortes de empleo y menor oferta de productos financieros.
Trump ha respondido a estas críticas asegurando que “los bancos ya han ganado demasiado a costa de los ciudadanos. Si no pueden ganar dinero cobrando un interés justo, que busquen otro negocio”. El presidente ha anunciado que el Departamento del Tesoro supervisará la transición para evitar subidas encubiertas de comisiones y ha prometido “medidas adicionales” si las entidades intentan sortear el tope.
La orden ejecutiva también incluye incentivos para que los consumidores paguen sus deudas más rápido: los bancos que ofrezcan planes de amortización sin intereses o con tipos inferiores al 5 % recibirán beneficios fiscales. Además, se creará un fondo federal de 5.000 millones de dólares para refinanciar deudas de tarjetas a tipos preferenciales para familias con ingresos inferiores a 80.000 dólares anuales.
El anuncio ha generado una ola de reacciones: millones de titulares de tarjetas de crédito han inundado redes sociales celebrando la medida, mientras asociaciones de consumidores la han calificado de “la mayor victoria para las familias trabajadoras en décadas”. Por el contrario, el sector financiero ha advertido que “reducir la rentabilidad del crédito puede llevar a una contracción del consumo” y ha anunciado posibles recursos judiciales contra la orden ejecutiva.
Con esta decisión, Trump no solo cumple una promesa de campaña: redefine las reglas del juego financiero para millones de estadounidenses. El tope del 10 % anual en tarjetas de crédito no es solo una rebaja de intereses: es un mensaje claro de que el endeudamiento excesivo de las clases medias tiene fecha de caducidad. 2026 comienza con un alivio para el bolsillo de los americanos y un aviso a los bancos: los tiempos de usura legal han terminado.





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