El ex vicepresidente argentino Carlos Ruckauf aseguró que la escalada de tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán marca el inicio de u...
El ex vicepresidente argentino Carlos Ruckauf aseguró que la escalada de tensiones entre Estados Unidos, Israel e Irán marca el inicio de un conflicto de dimensiones mucho más amplias que las puramente militares y que tendrá consecuencias profundas sobre la economía global. En su análisis, subrayó que el mundo se encuentra ante un punto de inflexión en el equilibrio geopolítico internacional, en el que las decisiones adoptadas en Oriente Medio podrían alterar de manera duradera los flujos comerciales, financieros y energéticos.
Ruckauf puso el foco especialmente en el cierre del Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más sensibles del planeta. Por ese paso estratégico circula una porción fundamental del petróleo y del gas natural licuado que abastece a las principales economías del mundo, en particular a los mercados asiáticos y europeos. Según explicó, cualquier interrupción prolongada en esa vía genera un efecto inmediato en la cotización de la energía y provoca una reacción en cadena en sectores clave como el transporte, la industria y la producción de alimentos.
El exmandatario remarcó que, a diferencia de otras crisis regionales del pasado, el actual enfrentamiento involucra de forma directa a potencias con capacidad de proyectar poder militar y político a escala global. En su opinión, esta combinación eleva considerablemente el riesgo de una escalada difícil de contener y aumenta la probabilidad de que otros actores se vean arrastrados al conflicto, ya sea por alianzas estratégicas, compromisos militares o intereses económicos.
Ruckauf alertó que el primer impacto tangible se manifestará en los precios internacionales del petróleo y del gas, que podrían registrar subas bruscas si persiste la incertidumbre sobre la seguridad de las rutas marítimas. Ese encarecimiento, señaló, se trasladará rápidamente a los costos de producción y al precio final de bienes y servicios en la mayoría de los países, alimentando nuevas presiones inflacionarias en un contexto global que ya es frágil por la desaceleración económica y los elevados niveles de endeudamiento.
Para el ex vicepresidente, uno de los mayores riesgos es que los mercados reaccionen con una combinación de volatilidad y pérdida de confianza. La percepción de un conflicto prolongado en una región clave para el suministro energético puede incentivar la salida de capitales de economías emergentes, fortalecer monedas consideradas refugio y encarecer el financiamiento externo. Esto, advirtió, complicaría especialmente a países con alta dependencia de importaciones energéticas o con balances fiscales ajustados.
Ruckauf subrayó que América Latina no quedará al margen de este escenario. Aunque algunos países de la región son exportadores de materias primas, la suba de los costos energéticos y la eventual inestabilidad financiera global terminarán afectando la actividad económica, el empleo y el poder adquisitivo. En el caso argentino, recordó que cualquier aumento sostenido en los precios internacionales de la energía impacta directamente en la balanza comercial y en el gasto público, sobre todo en contextos de subsidios o de dependencia de importaciones.
El exfuncionario insistió en que el problema no es únicamente el precio del crudo, sino la combinación de factores que se desencadenan a partir de una crisis de esta magnitud: tensiones en los mercados de deuda, encarecimiento de los seguros de transporte marítimo, demoras logísticas y un clima de mayor cautela por parte de inversores y empresas multinacionales.
Finalmente, Ruckauf advirtió que el conflicto abre una etapa de mayor inestabilidad estructural en el sistema internacional. “Lo que ocurre allí también nos va a afectar a nosotros”, resumió, al subrayar que en un mundo altamente interconectado, una guerra en una zona estratégica no se limita a un frente militar, sino que termina condicionando la vida cotidiana de millones de personas a través de la inflación, el menor crecimiento y la incertidumbre económica global.





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