El porcentaje de jóvenes que se considera feminista ha descendido de forma significativa en los últimos cinco años, con una caída de 12 punt...
El porcentaje de jóvenes que se considera feminista ha descendido de forma significativa en los últimos cinco años, con una caída de 12 puntos, según los últimos datos del Barómetro Juventud y Género elaborado por la FAD Juventud. El estudio refleja un cambio de tendencia claro en la percepción que las nuevas generaciones tienen sobre el feminismo, un movimiento que durante la última década había ganado un protagonismo social, político y mediático muy notable en España.
De acuerdo con el informe, ya no se observa un crecimiento sostenido de la identificación con el feminismo entre la población joven, sino una progresiva desconexión, especialmente visible en los tramos de menor edad. El grupo comprendido entre los 15 y los 19 años es, actualmente, el que muestra una menor afinidad con esta etiqueta, consolidándose como el sector menos feminista de todo el conjunto analizado. Esta evolución refuerza la idea de que el relevo generacional no está reproduciendo automáticamente los marcos ideológicos que dominaron el debate público en los años inmediatamente anteriores.
Uno de los datos que más llaman la atención del estudio es que aproximadamente la mitad de las personas encuestadas considera que el feminismo funciona hoy como una herramienta de manipulación política. Esta percepción, que atraviesa tanto a hombres como a mujeres, pone de manifiesto una creciente desconfianza hacia el uso institucional y partidista de los discursos de igualdad, y sugiere que parte de la juventud identifica el movimiento más con una agenda política concreta que con un proyecto social amplio y transversal.
El informe también destaca que el retroceso no se limita al conjunto de la población joven, sino que se produce incluso entre las mujeres jóvenes, un colectivo que tradicionalmente ha mostrado una mayor cercanía con el feminismo. En este grupo, la identificación con esta ideología ha descendido seis puntos en apenas dos años, un dato que los responsables del estudio interpretan como una señal de desgaste acelerado del discurso feminista entre quienes, en teoría, serían sus principales destinatarias.
Los expertos que han participado en el análisis subrayan que este cambio de percepción no implica necesariamente un rechazo a la igualdad entre hombres y mujeres. De hecho, una amplia mayoría de jóvenes sigue considerando importante combatir la discriminación y promover relaciones más justas. Sin embargo, se observa una clara separación entre esos valores generales y la etiqueta “feminismo”, que aparece cada vez más asociada, en el imaginario juvenil, a confrontación ideológica, polarización social y utilización política.
Otro de los factores que recoge el barómetro es el cansancio frente a un debate que muchos jóvenes perciben como excesivamente presente en la agenda pública. Parte de los encuestados manifiesta que el feminismo se ha convertido en un tema recurrente en discursos institucionales, campañas y debates mediáticos, lo que ha generado un efecto de saturación, especialmente entre los más jóvenes, que muestran mayor distancia frente a los mensajes percibidos como moralizantes o partidistas.
El estudio también refleja diferencias notables según el sexo y la edad. Mientras que entre los hombres jóvenes el descenso de identificación con el feminismo es más acusado, entre las mujeres se detecta una caída más reciente pero igualmente significativa. En ambos casos, el elemento común es la creciente sospecha de que el feminismo ha dejado de ser un movimiento social plural para convertirse en una bandera política utilizada de forma estratégica.
Desde la propia fundación que elabora el barómetro se advierte de que este giro en las actitudes puede tener consecuencias relevantes en el futuro del debate público sobre igualdad. Si bien los valores de respeto y no discriminación siguen siendo ampliamente compartidos, la pérdida de legitimidad social del feminismo como marco de referencia puede dificultar la construcción de consensos amplios en políticas de género.
En este contexto, los autores del informe señalan que el principal reto pasa por reconstruir la confianza de las nuevas generaciones, evitando mensajes simplificados o excesivamente ideologizados, y promoviendo un diálogo más abierto que conecte con las preocupaciones reales de la juventud, como el empleo, la vivienda, la salud mental o la precariedad. El barómetro concluye que, lejos de una “revolución feminista” inminente entre los jóvenes, el movimiento atraviesa una fase de repliegue y cuestionamiento que obliga a replantear su discurso si quiere recuperar centralidad social.





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