El Gobierno ha descartado de forma oficial que el brote de peste porcina africana detectado en Cataluña tenga su origen en el laboratorio I...
El Gobierno ha descartado de forma oficial que el brote de peste porcina africana detectado en Cataluña tenga su origen en el laboratorio IRTA-CReSA de Cerdanyola del Vallès, uno de los principales centros de referencia en sanidad animal. La conclusión se basa en las comprobaciones realizadas sobre los protocolos de bioseguridad, el historial de trabajos con el virus y la trazabilidad de las muestras, que, según las autoridades, no muestran ningún indicio de fuga ni de incidente que pudiera explicar la aparición del patógeno en el medio natural.
No obstante, el origen exacto del virus sigue sin poder determinarse. Los análisis genéticos realizados por el Laboratorio Central de Veterinaria de Algete, centro de referencia nacional, no han permitido todavía establecer una relación clara entre la cepa detectada en los jabalíes afectados y otros brotes previos conocidos en Europa. Esta falta de correspondencia genética impide, por el momento, reconstruir con precisión la vía de entrada del virus en el territorio.
El informe técnico elaborado tras las primeras investigaciones apunta como una de las hipótesis más probables a la introducción puntual del virus a larga distancia mediada por actividades humanas. En concreto, se señala la posible llegada del patógeno a través de productos cárnicos contaminados o restos de comida que habrían sido abandonados en el entorno natural. Esta explicación coincide con la hipótesis inicial manejada por los servicios veterinarios, según la cual un jabalí podría haber ingerido un bocadillo de embutido u otro alimento similar contaminado con el virus.
La peste porcina africana es una enfermedad vírica altamente contagiosa que afecta exclusivamente a suidos, tanto domésticos como silvestres, y que presenta una elevada tasa de mortalidad. Aunque no supone ningún riesgo para la salud humana, su impacto sobre el sector ganadero puede ser muy grave, ya que la detección de un solo foco obliga a activar estrictas medidas de control, restricciones de movimiento y vigilancia intensiva de los animales.
Hasta el momento, el brote suma un total de 142 casos positivos, todos ellos correspondientes a jabalíes capturados o hallados muertos dentro de la zona de alto riesgo delimitada alrededor del foco inicial. Las autoridades han subrayado que, por ahora, no se han detectado casos en explotaciones de porcino doméstico, un dato considerado clave para evitar consecuencias económicas mayores en una de las principales regiones productoras del país.
La zona afectada permanece bajo un estricto control sanitario, con refuerzo de la vigilancia sobre la fauna silvestre, aumento de las labores de búsqueda activa de animales muertos y restricciones específicas para la caza, el tránsito de personas y determinadas actividades en áreas forestales. Los equipos de control también están trabajando en la retirada rápida y segura de los cadáveres para evitar que otros animales puedan entrar en contacto con restos infectados y favorecer la propagación del virus.
Desde el Gobierno se insiste en que, aunque se descarta el origen en el centro de investigación de Cerdanyola, la investigación sigue abierta y es prioritaria la colaboración entre administraciones, cuerpos de agentes rurales y servicios veterinarios. El objetivo principal es confirmar cómo se produjo la introducción inicial del virus y evitar que un episodio similar pueda repetirse.
Las autoridades recuerdan además la importancia de no abandonar restos de comida en el campo, especialmente productos cárnicos, y de extremar las precauciones por parte de transportistas, cazadores y visitantes procedentes de países donde la peste porcina africana está presente. La experiencia en otros Estados europeos ha demostrado que pequeños descuidos pueden ser suficientes para desencadenar brotes de gran alcance en poblaciones de jabalíes y, posteriormente, en granjas.





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