El reciente acceso a documentos del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana ha revelado que, entre las 34 propuestas recopiladas en un concur...
El reciente acceso a documentos del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana ha revelado que, entre las 34 propuestas recopiladas en un concurso para la «resignificación» del Valle de los Caídos –rebautizado oficialmente como Valle de Cuelgamuros–, se encontraba una idea especialmente llamativa y polémica que planeaba erigir una gigantesca estatua desnuda de 183 metros de altura con simbología LGTB. La información, publicada por el periodista Marcos Ondarra en The Objective tras consultar una resolución del departamento, muestra que el Gobierno llegó a barajar esta opción antes de descartarla al seleccionar los proyectos finalistas.
Bajo el título Ahora la persona, las flores, los sueños, esta propuesta planteaba nada menos que la construcción de la escultura más grande del mundo en la explanada del histórico monumento, superando incluso a la Estatua de la Unidad en India, que mide 182 metros. El diseño de la pieza era, en sí mismo, provocador: presentaba una figura desnuda con un pene en estado de flacidez, portando una bandera arcoíris LGTB en el brazo izquierdo del monumento. En el torso de la escultura se incluían tatuajes de cinco mujeres destacadas de la cultura española –como Lola Flores y Rosalía de Castro– que pretendían añadir una capa simbólica más al conjunto.
El coste estimado de llevar a cabo esta idea era de unos 26 millones de euros, una cifra que no difería de otras propuestas presentadas al concurso. Aunque la propia propuesta fue admitida y publicada en la web oficial del Ministerio, no logró pasar a la fase final del certamen para ser una de las diez seleccionadas que recibirían 60 500 euros cada una como premio y reconocimiento.
Finalmente, el proyecto ganador fue otro completamente distinto, denominado La base y la cruz, que propone transformar el acceso al monumento mediante un gran vestíbulo circular abierto al cielo y eliminar la tradicional escalinata, con la intención de reinterpretar el espacio como un sitio de encuentro y diálogo más que como vestigio de una época histórica concreta. La iniciativa, que también recibió un presupuesto similar, mantiene la gran cruz de granito de 150 metros de altura y redefine el uso del recinto para incluir un centro de interpretación que relate la historia del lugar desde una perspectiva contemporánea.
El Valle de los Caídos ha sido objeto de intensos debates en España desde hace años, especialmente desde que se exhumaron los restos del dictador Francisco Franco en 2019 y se aprobó la Ley de Memoria Democrática de 2022, que busca reinterpretar y gestionar de manera diferente los símbolos asociados con la Guerra Civil y la dictadura franquista. La resignificación de este emblemático pero controvertido sitio ha generado divisiones entre quienes ven en él una oportunidad para abrir un diálogo sobre la memoria histórica, y quienes consideran que cualquier intervención es una forma de manipulación ideológica o falta de respeto a quienes yacen enterrados allí.
La revelación de que llegó a considerarse una estatua monumental con referencias sexuales y LGTB, aunque descartada, ha alimentado las críticas desde distintos sectores políticos y sociales. Para algunos, la inclusión de un símbolo tan explícito habría sido una provocación innecesaria y un gasto de fondos públicos difícil de justificar. Para otros, la mera discusión de ideas tan heterodoxas refleja el espíritu de libertad creativa y pluralidad de enfoques que el concurso buscaba estimular, aunque finalmente no haya sido la opción elegida para avanzar en la transformación del Valle de Cuelgamuros.





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