El ejército de Estados Unidos efectuó el lunes una serie de tres ataques contra embarcaciones sospechosas de estar involucradas en el narcot...
El ejército de Estados Unidos efectuó el lunes una serie de tres ataques contra embarcaciones sospechosas de estar involucradas en el narcotráfico en aguas del Pacífico oriental y del mar Caribe, que dejaron al menos 11 personas fallecidas, informó el Comando Sur estadounidense en un comunicado difundido en sus redes sociales.
Según el Mando Sur, dos de los ataques se llevaron a cabo contra lanchas en el Pacífico oriental, donde murieron cuatro personas en cada una de las dos embarcaciones, mientras que en el tercer ataque, ocurrido en el mar Caribe, tres personas perdieron la vida. Las autoridades militares precisaron que no se registraron bajas entre las fuerzas estadounidenses durante estas operaciones.
La publicación oficial incluía videos de los ataques en los que se aprecia la destrucción de las tres embarcaciones, dos de las cuales estaban aparentemente inmóviles cuando fueron alcanzadas por las armas, mientras que la tercera se desplazaba rápidamente por el agua en el momento del impacto, de acuerdo con lo detallado por AFP.
Estas acciones militares son parte de una campaña más amplia lanzada por Estados Unidos desde septiembre de 2025, destinada a combatir lo que Washington describe como operaciones de “narco-terrorismo” que utilizan rutas marítimas para traficar drogas con destino a territorio estadounidense. En lo que va de esta ofensiva, se han destruido decenas de embarcaciones y se han reportado más de 140 muertos en ataques similares, según datos oficiales del Comando Sur.
Las autoridades estadounidenses sostienen que la inteligencia militar identificó que las embarcaciones atacadas transitaban por rutas conocidas de narcotráfico y estaban implicadas en operaciones ilegales de transporte de estupefacientes, motivo por el cual se decidió su neutralización con ataques cinéticos.
El presidente de Estados Unidos y su administración han defendido esta estrategia como una medida necesaria para frenar el flujo de drogas hacia el país y debilitar a las organizaciones criminales transnacionales, calificadas por Washington como amenazas a la seguridad nacional. Las operaciones han contado con el respaldo del mando militar y el Departamento de Defensa, que argumentan que los ataques se ejecutan bajo el marco de una campaña de defensa contra grupos armados que operan fuera de control en aguas internacionales.
Sin embargo, esta política de ataques marítimos ha generado controversia y críticas tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Expertos en derecho internacional, organizaciones de derechos humanos y algunos gobiernos de la región han advertido que los bombardeos podrían constituir homicidios extrajudiciales, ya que no se han presentado pruebas concluyentes de que todas las embarcaciones atacadas llevaban drogas ni representaban amenazas armadas directas. Estas críticas señalan también que la ausencia de dueprocesos y juicios para los acusados podría violar normas básicas del derecho internacional.
El aumento en la intensidad de estas operaciones ha generado un amplio debate sobre la legitimidad y consecuencias humanitarias de la estrategia estadounidense, con llamados a mayor transparencia y rendición de cuentas sobre cómo se determina que una embarcación es un objetivo legítimo. Algunos analistas plantean que, más allá de su eficacia en reducir el tránsito de drogas, la política militar podría tensar las relaciones con países de la región y socavar normativas internacionales sobre uso de la fuerza.
Con estos tres ataques recientes y el saldo de 11 fallecidos, la campaña estadounidense en el Caribe y el Pacífico continúa siendo uno de los aspectos más controvertidos de las acciones antinarcóticos en el hemisferio occidental, mientras persisten las discusiones sobre su impacto estratégico y legal.





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