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El ex teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Molina ha muerto este miércoles a los 93 años, según han confirmado miembros de su familia y diversos medios españoles. Su fallecimiento se produce el mismo día en que el Gobierno ha desclasificado documentos oficiales sobre el fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, el episodio que marcó profundamente la historia reciente de España y con el que su nombre quedó inevitablemente asociado.
Tejero, nacido el 30 de abril de 1932 en Alhaurín el Grande (Málaga), fue la figura más visible del intento de asonada militar que sacudió la joven democracia española hace 45 años. Como teniente coronel de la Guardia Civil, irrumpió armado en el Congreso de los Diputados durante la sesión de investidura del entonces candidato a presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, pistola en mano y ordenando a los presentes guardar silencio bajo la famosa consigna de “¡Quieto todo el mundo!”. Durante ese asalto, que mantuvo secuestrados a diputados y al propio gobierno durante casi 18 horas, se produjeron disparos contra el techo del hemiciclo, y la situación sembró incertidumbre sobre el futuro democrático del país hasta que la injerencia del rey Juan Carlos I y la falta de apoyo de otros sectores militares hicieron fracasar el golpe.
Tras su detención, Tejero fue juzgado y condenado por rebelión militar, recibiendo inicialmente una pena de 30 años de prisión. Cumplió parte de esa condena y, con problemas de salud y avances en su régimen penitenciario, obtuvo el tercer grado y la libertad condicional en 1996, tras pasar más de una década en diversos centros penitenciarios. Durante su estancia en prisión también intentó iniciar una carrera política propia, fundando un partido —Solidaridad Española— que presentó candidaturas en las elecciones de 1982, aunque con escaso éxito electoral.
Tras su liberación, Tejero se mantuvo alejado de la vida pública mediática. Pese a ello, su figura siguió siendo símbolo de sectores de extrema derecha y nostálgicos del régimen franquista, a quienes representaba con sus posturas abiertas sobre la historia reciente de España. Su última aparición pública de cierta relevancia fue en 2019, cuando acudió al cementerio de Mingorrubio en Madrid para presenciar la reinhumación de los restos de Francisco Franco después de su exhumación del Valle de los Caídos, provocando reacciones encontradas entre autoridades y grupos de civiles.
La coincidencia de su muerte con la desclasificación de archivos oficiales sobre el 23-F ha generado un intenso debate en España, ya que esos documentos aportan nuevas claves sobre la preparación y ejecución de la intentona golpista, un episodio que sigue siendo objeto de análisis y controversia entre historiadores, juristas y políticos. Tejero era el último de los principales implicados en el golpe que aún vivía; sus co-conspiradores, como los generales Jaime Milans del Bosch y Alfonso Armada, murieron años atrás.
En sus últimas décadas, el ex militar se dedicó a actividades más personales, centradas en su vida familiar en Valencia, donde falleció en presencia de sus hijos tras recibir los últimos sacramentos. Su legado, sin embargo, permanecerá ligado para siempre al 23-F, un momento que muchos recuerdan como una de las mayores amenazas a la consolidación de la democracia en España tras la dictadura franquista.





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