La tecnológica estadounidense Google ha expresado públicamente sus reservas ante el plan de la Unión Europea para reforzar su soberanía di...
La tecnológica estadounidense Google ha expresado públicamente sus reservas ante el plan de la Unión Europea para reforzar su soberanía digital mediante una apuesta más decidida por el software libre y los ecosistemas de código abierto en la administración pública y en las infraestructuras tecnológicas consideradas estratégicas. La compañía considera que una sustitución acelerada de herramientas consolidadas por soluciones abiertas podría generar efectos no deseados en un contexto internacional marcado por una fuerte competencia tecnológica y una carrera global por la innovación.
Las críticas fueron formuladas por Kent Walker, presidente de asuntos globales y director jurídico de la empresa, quien advirtió de que la creación de nuevas barreras regulatorias frente a proveedores externos puede introducir fricciones innecesarias en el mercado digital europeo. A su juicio, limitar el acceso a tecnologías desarrolladas fuera del continente podría perjudicar tanto a las empresas como a los consumidores, al reducir la disponibilidad de herramientas punteras en ámbitos como la inteligencia artificial, la computación en la nube, la ciberseguridad o el análisis de grandes volúmenes de datos.
Walker subrayó que Google no se opone al objetivo de fortalecer la soberanía tecnológica europea, pero defendió que este propósito no debería interpretarse como un proceso de aislamiento del ecosistema global. En su visión, la cooperación entre empresas estadounidenses y europeas puede ser una vía más eficaz para garantizar la protección de los datos, el control local de los servicios y el cumplimiento de los estándares regulatorios, sin renunciar a la capacidad de innovación que ofrecen los grandes proveedores internacionales.
Desde el entorno comunitario, sin embargo, el enfoque es distinto. La Comisión Europea explora un plan más ambicioso orientado a crear ecosistemas abiertos y a promover el desarrollo de soluciones propias basadas en software libre, especialmente en sectores sensibles como la administración pública digital, las plataformas de identidad, la sanidad, la energía o las telecomunicaciones. El objetivo principal es reducir la dependencia de proveedores extranjeros en infraestructuras críticas y fortalecer la resiliencia económica, tecnológica y de seguridad de la Unión.
Los responsables comunitarios sostienen que el código abierto no solo permite un mayor control sobre el funcionamiento de las herramientas digitales, sino que también facilita la auditoría de los sistemas, refuerza la transparencia y puede contribuir a mejorar la ciberseguridad. Además, defienden que el software libre fomenta la competencia, evita situaciones de dependencia tecnológica a largo plazo y ofrece mayores oportunidades a empresas emergentes y desarrolladores locales.
Estudios internos citados por fuentes comunitarias estiman que el ecosistema de código abierto ya aporta decenas de miles de millones de euros al producto interior bruto de la Unión Europea, gracias a su impacto en la productividad, la innovación y la creación de empleo. Según estos análisis, un impulso coordinado desde las instituciones podría incrementar de forma notable ese valor en los próximos años, al facilitar la adopción de soluciones abiertas en grandes proyectos públicos y privados.
El debate refleja una tensión creciente entre regulación, innovación y autonomía estratégica. Mientras Bruselas busca consolidar una base tecnológica propia que reduzca su exposición a riesgos geopolíticos y a posibles interrupciones en la cadena de suministro digital, Google advierte de que un exceso de restricciones podría ralentizar la adopción de tecnologías avanzadas en un momento clave para la transformación económica del continente.
En el trasfondo se encuentra también la preocupación por el liderazgo global en inteligencia artificial, computación en la nube y servicios digitales, donde Estados Unidos y China mantienen una posición dominante. Para la Unión Europea, el impulso al software libre se presenta como una palanca para recuperar margen de maniobra y construir capacidades propias. Para Google, en cambio, el reto pasa por mantener un entorno abierto y colaborativo que permita a Europa seguir conectada a la innovación global sin sacrificar sus objetivos de seguridad y control tecnológico.
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