La escasez de gasolina y diésel que atraviesa Cuba ya ha empezado a tener consecuencias visibles y preocupantes en la vida cotidiana de sus...
La escasez de gasolina y diésel que atraviesa Cuba ya ha empezado a tener consecuencias visibles y preocupantes en la vida cotidiana de sus habitantes, especialmente en la La Habana, donde la recolección de residuos sólidos se ha visto gravemente afectada por la falta de combustible para operar la mayoría de los camiones encargados del servicio. La crisis energética ha generado montones de basura acumulados en esquinas, avenidas y zonas residenciales, lo que ha desatado inquietud por el impacto sanitario que esta situación podría tener en un contexto climático de altas temperaturas y humedad.
De acuerdo con datos oficiales y reportes de medios locales y extranjeros, la flota de recolección de la capital opera actualmente a una fracción de su capacidad técnica habitual: solo 44 de los 106 camiones disponibles están en funcionamiento debido a los recurrentes faltantes de combustible, lo que significa que una parte considerable de la ciudad carece de recogida regular de residuos. La acumulación de desechos va desde cajas de cartón y bolsas plásticas hasta restos de comida y envases, y en algunos barrios no pasa un camión recolector desde hace más de diez días.
La situación ha provocado respuestas de alarma entre la población, que observa cómo la basura se apila en las calles, atrae insectos y causa olores cada vez más intensos. Vecinos han compartido imágenes y testimonios en redes sociales advirtiendo de la proliferación de moscas y roedores, así como de la dificultad para transitar por ciertos sectores. Para muchos residentes, la falta de recogida de basura se ha convertido en uno de los impactantes símbolos del deterioro de los servicios básicos en la isla.
Las autoridades cubanas han reconocido implícitamente la gravedad de la situación al priorizar el uso de combustible disponible para servicios considerados esenciales, como hospitales, generación eléctrica y transporte público limitado, lo que ha dejado en segundo plano las operaciones de aseo urbano. De esta forma se intenta asegurar la continuidad de servicios críticos ante el colapso en otros sectores, aunque la mitad de la flota municipal de recolección permanece inactiva.
El origen de la escasez está vinculado a la caída de los suministros de petróleo que tradicionalmente llegaban desde Venezuela, que en su momento fue el principal proveedor de energía del país. Desde finales de 2025 esos envíos se han reducido drásticamente, en parte por las presiones de Estados Unidos sobre los transportes de crudo, y el Gobierno ha tenido que racionar el combustible disponible para cubrir los usos más urgentes. Esta situación ha alimentado expectativas sobre envíos de crudo desde Rusia en el corto plazo, aunque por ahora no hay fechas confirmadas para esos cargamentos que aliviarían algo la crisis.
El problema de recolección de residuos es apenas una de las múltiples consecuencias de la profunda crisis energética que afecta al país. Sectores como el transporte urbano, el suministro eléctrico y la distribución de bienes esenciales también están bajo presión por la falta de combustible, exacerbando la percepción de un deterioro generalizado en los servicios públicos. En particular, la crisis de residuos agrava la preocupación sanitaria, ya que la acumulación prolongada de basura puede facilitar la propagación de enfermedades transmitidas por vectores como mosquitos o ratas, así como infecciones bacterianas ante el mal estado de los desechos.
Organizaciones y observadores han advertido que una prolongada incapacidad para recoger los residuos urbanos podría convertirse en un foco de emergencia sanitaria que complemente la crisis económica y energética que vive la isla. Mientras tanto, los habitantes buscan soluciones locales improvisadas, como depositar desechos en espacios privados o quemar basura, prácticas que a su vez pueden suponer riesgos adicionales para la salud y el medio ambiente.
En este contexto, la acumulación de basura en las calles de La Habana no solo refleja una falla operacional momentánea, sino una consecuencia tangible de las restricciones de combustible que afectan a servicios básicos en todo el país, poniendo de manifiesto las vulnerabilidades de un sistema que lucha por sostener funciones fundamentales en medio de una crisis energética prolongada.





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