Rusia ha iniciado de manera escalonada la restricción del servicio de mensajería Telegram en todo el territorio nacional, una medida impuls...
Rusia ha iniciado de manera escalonada la restricción del servicio de mensajería Telegram en todo el territorio nacional, una medida impulsada por Roskomnadzor, el organismo estatal encargado de supervisar las comunicaciones y la censura, con el objetivo declarado de hacer que la plataforma cumpla con la legislación rusa y “proteja a los ciudadanos”.
A partir del 10 de febrero de 2026, fuentes gubernamentales y del sector tecnológico han informado que Roskomnadzor comenzó a imponer restricciones técnicas a Telegram para ralentizar su funcionamiento, afectando la velocidad de carga de contenido, el envío de mensajes y la descarga de fotos o vídeos dentro de Rusia. Esta reducción de calidad del servicio ya ha provocado que miles de usuarios registren fallos e interrupciones por segundo día consecutivo, según servicios de monitoreo que muestran un incremento masivo de quejas de personas que informan que la aplicación no responde con normalidad.
Las autoridades rusas sostienen que Telegram no está cumpliendo con las leyes nacionales, pues, a su juicio, no protege adecuadamente los datos personales y no toma medidas efectivas contra fraudes o el uso del servicio por parte de criminales o grupos terroristas. Roskomnadzor ha advertido que continuará implementando medidas de restricción hasta que la empresa introduzca cambios que satisfagan estas exigencias.
Este movimiento se enmarca dentro de una política más amplia de Moscú para controlar y limitar el acceso a servicios de mensajería y redes sociales extranjeros, una tendencia que ya había afectado otros gigantes tecnológicos. Anteriormente, WhatsApp fue objeto de restricciones similares, primero con la limitación de llamadas de voz y video, y posteriormente con un bloqueo casi total ante el incumplimiento de la legislación rusa. Asimismo, plataformas como Facebook, Instagram, YouTube y X (antes Twitter) llevan años bloqueadas o fuertemente degradadas en el país.
El fundador de Telegram, Pável Durov, ha criticado públicamente estas acciones desde su canal personal, señalando que el gobierno ruso estaría tratando de forzar a los ciudadanos a migrar a una aplicación controlada por el Estado, diseñada para vigilancia y censura política. Durov comparó la situación con la experiencia de Irán, donde medidas parecidas intentaron obligar a los usuarios a abandonar Telegram, un intento que en ese país fracasó porque la mayoría de la población continuó usando la plataforma a través de herramientas que evitan la censura.
Expertos en derechos digitales y organizaciones de libertades civiles han señalado que estas restricciones representan un paso más en la consolidación del control estatal sobre el espacio digital ruso. Según críticos, la justificación oficial de combatir el crimen y el terrorismo podría ser usada como pretexto para justificar una creciente vigilancia y control del flujo de información, especialmente en el contexto de la ofensiva contra la disidencia interna y los medios independientes que ha caracterizado a Rusia en los últimos años.
Telegram sigue siendo una de las aplicaciones de mensajería más populares en Rusia y una fuente clave de noticias para muchos ciudadanos, incluidas autoridades gubernamentales y figuras públicas, lo que hace que las restricciones afecten tanto a la vida cotidiana como a la comunicación política dentro del país. La decisión de Roskomnadzor no solo podría modificar la forma en que millones de rusos se comunican, sino que también marca una escalada significativa en la estrategia del Kremlin para controlar el ecosistema de internet en territorio ruso.





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