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Una noche que debía estar dedicada al deporte y a la convivencia familiar terminó en tragedia en la ciudad estadounidense de Pawtucket, en el estado de Rhode Island, después de que se produjera un tiroteo durante un partido de hockey sobre hielo de categoría juvenil. Según confirmaron las autoridades locales, tres personas murieron en el lugar de los hechos, incluido el autor de los disparos, y al menos otras tres permanecen hospitalizadas en estado crítico.
De acuerdo con la información facilitada por la jefa de policía de la ciudad, Tina Goncalves, el suceso se registró en plena actividad deportiva, cuando decenas de familias y menores se encontraban en las instalaciones siguiendo el encuentro. La responsable policial explicó que los agentes acudieron de inmediato tras recibir múltiples llamadas de emergencia alertando de disparos en el interior del recinto.
Las primeras investigaciones apuntan a que el autor fue identificado como Robert Dorgan, una persona de 56 años que, según la versión policial, habría disparado contra su esposa y su hijo antes de quitarse la vida. Las autoridades han indicado que el agresor era una persona transgénero, un dato que ha sido confirmado únicamente como parte de su identificación personal y que no constituye, según la policía, un elemento relacionado con la motivación del crimen.
El balance oficial es de tres fallecidos —el agresor y dos miembros de su familia— y tres personas más gravemente heridas, que fueron trasladadas a distintos hospitales de la zona bajo estrictas medidas de emergencia. Los servicios médicos activaron un protocolo de respuesta masiva ante víctimas múltiples, dada la gravedad de las lesiones y el elevado número de personas presentes en el recinto en el momento del ataque.
En declaraciones recogidas por Associated Press, la jefa de la policía subrayó que la actuación de los equipos de seguridad permitió asegurar rápidamente la zona y evitar un mayor número de víctimas. Aun así, el impacto emocional entre los asistentes fue inmediato. Varios testigos relataron escenas de pánico, con padres intentando proteger a sus hijos y jugadores refugiándose en vestuarios y pasillos mientras se escuchaban los disparos.
Las autoridades han señalado que, por el momento, todo apunta a que se trató de un episodio de violencia de carácter doméstico que terminó desarrollándose en un espacio público, sin indicios de que existiera una amenaza general contra el evento deportivo o contra la comunidad escolar que participaba en el torneo. No obstante, la investigación continúa abierta para esclarecer con exactitud cómo el agresor logró acceder al recinto armado y cuál fue la secuencia exacta de los hechos.
El caso ha reabierto el debate sobre la seguridad en instalaciones deportivas y escolares en Estados Unidos, donde este tipo de espacios suelen ser considerados entornos seguros para menores y familias. Las autoridades locales han anunciado que revisarán los protocolos de acceso y control en eventos juveniles, especialmente aquellos que congregan a un gran número de personas en espacios cerrados.
El alcalde de la ciudad y representantes del gobierno estatal expresaron su pesar por lo ocurrido y trasladaron sus condolencias a las familias de las víctimas. Además, se han habilitado servicios de apoyo psicológico para los menores, los jugadores y los familiares que presenciaron la escena, con el objetivo de atender el impacto emocional de un suceso que ha conmocionado profundamente a la comunidad.
Mientras continúa la investigación, la policía ha insistido en la necesidad de evitar la difusión de rumores o interpretaciones precipitadas, subrayando que la prioridad es esclarecer los hechos, acompañar a las víctimas y reforzar las medidas de prevención para que una tragedia similar no vuelva a repetirse en un entorno dedicado al deporte y a la formación de jóvenes.





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