Fuentes israelíes y estadounidenses han confirmado la muerte del Líder Supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei , durante una serie de ataque...
Fuentes israelíes y estadounidenses han confirmado la muerte del Líder Supremo de Irán, el ayatolá Ali Jamenei, durante una serie de ataques aéreos masivos lanzados de manera conjunta por Estados Unidos e Israel el 28 de febrero de 2026. Esta operación, descrita por algunos medios como "Operación Epic Fury", ha representado el asalto más directo y devastador contra el corazón del régimen teocrático iraní desde la Revolución Islámica de 1979.
Fox News fue uno de los primeros medios en reportar la noticia, citando a funcionarios israelíes que afirmaron que el compuesto personal de Jamenei en Teherán fue reducido a escombros en los primeros minutos de la ofensiva. Imágenes satelitales mostraron daños catastróficos en las instalaciones cercanas a sus oficinas y residencia, y múltiples fuentes de inteligencia israelí confirmaron que el cuerpo del ayatolá fue hallado entre los restos. La operación no se limitó a un solo objetivo: alcanzó instalaciones militares, nucleares y de mando en al menos nueve ciudades iraníes, eliminando a varios altos mandos, incluido el jefe de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), el general Mohammad Pakpour, y entre cinco y diez líderes clave que se reunían en un búnker en la capital.
En una entrevista exclusiva con NBC News, el presidente Donald Trump abordó directamente los informes sobre la muerte de Jamenei. "Creemos que esa es una historia correcta", declaró Trump, añadiendo que "la mayoría de las personas que toman todas las decisiones" en Irán han sido eliminadas. Según el mandatario, los ataques infligieron "un daño tremendo" a la infraestructura militar y de mando iraní, un perjuicio que, en sus palabras, tomaría años —o décadas— reparar. Trump también instó al pueblo iraní a "tomar el control de su destino" y derrocar lo que describió como un régimen opresivo y en decadencia, enfatizando que Washington no busca una ocupación prolongada sino la eliminación de amenazas nucleares y de misiles balísticos.
El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reforzó esta narrativa al afirmar que existen "señales crecientes" y "pruebas" de que Jamenei "ya no está", describiendo la operación como un paso hacia "una paz verdadera" en la región. Fuentes israelíes han indicado que el ataque inicial se centró precisamente en neutralizar al líder supremo, considerado el arquitecto principal de la política antiestadounidense e antiisraelí de Irán durante más de tres décadas.
Jamenei, de 86 años, asumió el cargo de Líder Supremo en 1989 tras la muerte del ayatolá Jomeini y consolidó un poder absoluto sobre las fuerzas armadas, el poder judicial y las políticas exteriores. Bajo su mandato, Irán expandió su influencia a través de proxies como Hezbolá, los hutíes y milicias en Irak y Siria, mientras avanzaba en su programa nuclear y reprimía duramente las protestas internas. Su eliminación representa un vacío de poder sin precedentes, ya que no había designado un sucesor claro, lo que podría desatar luchas internas entre facciones conservadoras, moderadas y militares.
Irán, por su parte, ha negado inicialmente las informaciones, con el ministro de Exteriores Abbas Araghchi asegurando que tanto Jamenei como el presidente Masoud Pezeshkian estaban "a salvo". Sin embargo, la ausencia de apariciones públicas del líder y el caos reportado en Teherán —con explosiones, humo denso y celebraciones espontáneas en algunas zonas— sugieren que el golpe ha sido efectivo. En respuesta, Irán lanzó oleadas de misiles balísticos contra Israel y bases estadounidenses en el Golfo Pérsico, escalando el conflicto a niveles no vistos en décadas.
Este evento marca un punto de inflexión: el fin de una era de confrontación prolongada y el inicio de una incertidumbre profunda en Irán y la región. Mientras Trump celebra el "éxito" de la misión para defender a Estados Unidos e Israel, analistas advierten que la decapitación del liderazgo podría radicalizar aún más a facciones duras o abrir la puerta a un cambio interno impulsado por la población, hastiada de represión y sanciones. El mundo observa con atención los próximos pasos en esta crisis que podría redefinir el equilibrio de poder en Oriente Medio.





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