Un seguimiento de más de 130.000 personas durante 37 años ha aportado nuevos datos sobre la relación entre el consumo de café, té y la salud...
Un seguimiento de más de 130.000 personas durante 37 años ha aportado nuevos datos sobre la relación entre el consumo de café, té y la salud cerebral. El trabajo, publicado en JAMA y comentado por el cardiólogo Eric Topol, sugiere que beber café y té con cafeína de forma moderada se asocia con un menor riesgo de desarrollar demencia y con un mejor rendimiento cognitivo a lo largo del tiempo.
El estudio analizó los hábitos de consumo de bebidas y la evolución de la salud neurológica de una cohorte muy amplia y diversa. Durante el periodo de observación se identificaron 11.033 casos de demencia, lo que permitió comparar de forma robusta los resultados entre distintos niveles de ingesta. Los investigadores observaron que las personas que consumían café con cafeína de manera regular presentaban un 18% menos de riesgo de demencia en comparación con quienes bebían poco o nada.
Uno de los datos más llamativos es la diferencia en tasas absolutas de casos. En el grupo con mayor consumo de café con cafeína se registraron 141 casos de demencia por cada 100.000 personas, frente a 330 por cada 100.000 en el grupo con menor consumo. Esta brecha, sostenida durante décadas de seguimiento, refuerza la consistencia estadística de la asociación observada.
El trabajo también intentó definir una franja de consumo considerada óptima. Según los resultados, el mayor beneficio se observó en quienes tomaban entre dos y tres tazas de café al día o entre una y dos tazas de té. Por debajo de esas cantidades, el efecto protector parecía menor, mientras que un consumo más elevado no aportaba ventajas adicionales claras.
Un aspecto clave del estudio es que el café descafeinado no mostró la misma asociación positiva con la reducción del riesgo de demencia. Este hallazgo sugiere que la cafeína podría desempeñar un papel relevante, aunque no necesariamente único, en los posibles mecanismos biológicos implicados. La cafeína ha sido relacionada en investigaciones previas con mejoras transitorias en la atención, la memoria y el estado de alerta, así como con efectos sobre la inflamación y la función vascular cerebral.
Sin embargo, los propios autores insisten en la necesidad de interpretar los resultados con cautela. El investigador principal, Yu Zhang, subraya que se trata de un estudio observacional, lo que significa que no puede establecerse una relación directa de causa y efecto. “No hay que pensar en el café o el té como un escudo mágico”, advierte, recordando que la asociación detectada podría estar influida por otros factores relacionados con el estilo de vida.
De hecho, el análisis tuvo en cuenta variables como la edad, el nivel educativo, la actividad física, el tabaquismo y otros indicadores de salud, pero aun así es posible que las personas que consumen café o té de forma regular compartan hábitos más favorables para la salud cerebral en general. Dietas más equilibradas, mayor actividad social, mejor acceso a la atención sanitaria o niveles más altos de estimulación cognitiva podrían contribuir también a explicar parte de los resultados.
La investigación refuerza una idea cada vez más aceptada en el ámbito de la prevención de la demencia: no existe un alimento ni una bebida capaz de proteger por sí sola al cerebro frente al deterioro cognitivo. En cambio, la combinación de múltiples factores —actividad física, control de los factores de riesgo cardiovascular, sueño adecuado, estimulación intelectual y relaciones sociales— constituye el verdadero pilar de la salud cerebral a largo plazo.
En este contexto, el café y el té, consumidos con moderación y dentro de un estilo de vida saludable, parecen formar parte de un patrón de hábitos asociados a una mejor evolución cognitiva. Lejos de recetas milagrosas, el mensaje principal del estudio es que pequeñas decisiones cotidianas, sostenidas durante décadas, pueden tener un impacto relevante en la forma en que envejece nuestro cerebro.
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