Un imán británico de origen paquistaní, Abdul Halim Khan , de 58 años, ha sido condenado a cadena perpetua con un mínimo de 28 años de prisi...
Un imán británico de origen paquistaní, Abdul Halim Khan, de 58 años, ha sido condenado a cadena perpetua con un mínimo de 28 años de prisión por la Corte de la Corona de Birmingham tras ser hallado culpable de múltiples delitos sexuales graves contra mujeres y niñas menores de 12 años. El tribunal lo declaró responsable de 19 cargos, incluyendo violación, agresión sexual agravada y abuso de menores, cometidos durante más de una década en su comunidad religiosa y en el entorno de la mezquita donde ejercía como líder espiritual.
Khan utilizó su posición de autoridad religiosa para ganarse la confianza de las víctimas y sus familias. Según la sentencia, convencía a las mujeres y niñas de que poseía poderes mágicos y espirituales derivados de su rol como imán, asegurándoles que cualquier contacto físico o sexual era parte de un “ritual de purificación” o “cura divina” necesario para eliminar males espirituales, enfermedades o maldiciones familiares. A muchas les hacía creer que negarse a sus demandas provocaría que Dios castigara a sus seres queridos con enfermedades graves, pobreza o desgracias. Esta manipulación psicológica y espiritual, combinada con el miedo religioso y cultural, permitió al acusado cometer los abusos durante años sin que las víctimas se atrevieran a denunciar.
Las víctimas, todas de origen surasiático y pertenecientes a la misma comunidad musulmana conservadora de Birmingham, fueron contactadas inicialmente a través de consultas privadas que Khan ofrecía en la mezquita o en domicilios particulares. Algunas eran adolescentes que acudían a él por problemas familiares o emocionales; otras eran mujeres adultas que buscaban “soluciones espirituales” a dificultades matrimoniales o de salud. En todos los casos, el imán aprovechaba la vulnerabilidad, el respeto reverencial hacia su figura y la creencia en prácticas místicas para perpetrar las agresiones.
La investigación se inició en 2023 tras la denuncia de una de las víctimas, una joven que, al cumplir los 18 años y salir del entorno familiar opresivo, decidió romper el silencio. Su testimonio llevó a la policía a identificar a otras 14 mujeres y niñas que habían sufrido abusos similares entre 2012 y 2022. Durante el juicio, que duró nueve semanas, declararon nueve de ellas. Todas coincidieron en describir un patrón idéntico: Khan las aislaba, les hacía creer que el contacto sexual era un “sacrificio necesario” para su salvación espiritual y las amenazaba con maldiciones o con revelar supuestos secretos si hablaban.
El juez calificó los hechos de “especialmente repugnantes” por el abuso de poder religioso y la edad de varias víctimas, dos de las cuales tenían solo 11 y 12 años en el momento de los abusos. La sentencia incluye una orden de restricción permanente y la prohibición de ejercer cualquier rol religioso o educativo con menores de edad de por vida.
La condena ha generado conmoción en la comunidad musulmana británica, donde líderes religiosos han condenado los hechos y han pedido mayor transparencia y formación en prevención de abusos dentro de mezquitas y centros comunitarios. Organizaciones de defensa de mujeres y menores han aplaudido la sentencia como “un mensaje claro de que nadie está por encima de la ley, ni siquiera quien se presenta como guía espiritual”.
Khan, que llegó al Reino Unido en los años 90 y se naturalizó británico, mantenía una doble vida: respetado imán de día y abusador en privado. La sentencia cierra un capítulo oscuro para las víctimas, pero abre un debate urgente sobre cómo proteger a las personas vulnerables en entornos religiosos cerrados. La justicia ha hablado, pero el dolor de las sobrevivientes perdurará mucho más que las cadenas del condenado.





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