La Casa Blanca confirmó oficialmente que Estados Unidos colaboró de manera directa en el operativo que terminó con la muerte de Nemesio Os...
La Casa Blanca confirmó oficialmente que Estados Unidos colaboró de manera directa en el operativo que terminó con la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, máximo líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. La portavoz presidencial, Karoline Leavitt, explicó que Washington proporcionó información de inteligencia clave al Gobierno de México para facilitar la localización del capo y apoyar el despliegue de fuerzas durante el operativo realizado en Tapalpa, en el estado de Jalisco.
Según detalló Leavitt, la cooperación entre ambos países permitió identificar los movimientos recientes de Oseguera Cervantes, así como los puntos de seguridad y resguardo que utilizaba en la región. La funcionaria subrayó que la operación fue ejecutada por el Ejército Mexicano, aunque con apoyo técnico y de inteligencia estadounidense, en el marco de una estrategia conjunta orientada a desmantelar a los grandes actores del narcotráfico en América del Norte.
Desde Washington se insistió en que “El Mencho” era un objetivo prioritario para ambos gobiernos debido a su papel central en la producción, tráfico y distribución de fentanilo hacia el mercado estadounidense. La Casa Blanca remarcó que el CJNG ha sido identificado por las agencias de seguridad de Estados Unidos como una de las organizaciones criminales más violentas, expansivas y mejor estructuradas del hemisferio occidental, con capacidad para operar en múltiples países y corromper instituciones locales.
La portavoz también trasladó un reconocimiento explícito a las fuerzas armadas mexicanas por el desarrollo del operativo y por la coordinación mantenida con los servicios de inteligencia norteamericanos. De acuerdo con su versión, el intercambio de información se realizó dentro de los canales habituales de cooperación bilateral, respetando los marcos legales de ambos países y bajo la premisa de fortalecer la lucha contra el narcotráfico transnacional.
La confirmación pública del papel de Estados Unidos en esta operación marca un punto relevante en la política de seguridad regional. Tradicionalmente, la participación directa de inteligencia estadounidense en acciones de alto perfil contra líderes criminales en territorio mexicano se maneja con extrema discreción para evitar fricciones diplomáticas. En este caso, sin embargo, la administración liderada por Donald Trump optó por visibilizar el respaldo prestado, en un mensaje que busca mostrar resultados concretos en la ofensiva contra el tráfico de opioides sintéticos.
El fentanilo se ha convertido en una de las principales prioridades de la política de seguridad de Washington, al estar vinculado a decenas de miles de muertes por sobredosis cada año en Estados Unidos. Las autoridades norteamericanas sostienen que el CJNG fue uno de los principales responsables de la expansión de las rutas de entrada de esta sustancia y de la instalación de laboratorios clandestinos para su fabricación a gran escala.
En México, la muerte de Oseguera Cervantes abre un escenario de alta tensión. Expertos en seguridad advierten que la eliminación del máximo líder del cártel no garantiza la desarticulación inmediata de la organización, y alertan sobre posibles disputas internas por el control de la estructura criminal. De hecho, en experiencias anteriores, la caída de jefes históricos ha derivado en fragmentación, luchas internas y un aumento temporal de la violencia en los territorios donde operan estos grupos.
La confirmación de la ayuda estadounidense también reaviva el debate político en ambos países sobre los límites de la cooperación en materia de seguridad, la soberanía nacional y el papel de las agencias de inteligencia extranjeras en operativos armados dentro de México. Mientras Washington presenta la acción como un éxito de la colaboración bilateral, sectores políticos y sociales mexicanos reclaman mayor transparencia sobre el alcance real de la intervención estadounidense.
En cualquier caso, el anuncio de la Casa Blanca consolida el mensaje de que la ofensiva contra las grandes organizaciones del narcotráfico ya no se plantea únicamente como un problema interno de México, sino como una prioridad compartida que involucra directamente a las estructuras de seguridad de ambos gobiernos.





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