El secretario del Tesoro de Estados Unidos , Scott Bessent , aseguró que la próxima operación militar contra Irán supondrá la mayor campaña ...
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, aseguró que la próxima operación militar contra Irán supondrá la mayor campaña de bombardeos realizada hasta ahora en el conflicto. Según sus declaraciones, el objetivo principal será causar el máximo daño posible a los lanzadores de misiles iraníes y a las fábricas encargadas de producir este armamento, considerado una de las principales amenazas estratégicas de Teherán. Sus palabras se producen en un momento de máxima escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, tras varios días de intensos ataques cruzados en Oriente Medio.
La ofensiva forma parte de una estrategia más amplia destinada a debilitar la capacidad ofensiva de Irán. Las autoridades militares estadounidenses y israelíes consideran que el programa de misiles balísticos iraní es el núcleo del poder militar del país. Antes del inicio del conflicto, se estimaba que Irán contaba con alrededor de 3.000 misiles de distinto alcance, capaces de impactar en objetivos de Oriente Medio e incluso amenazar zonas de Europa oriental.
En los últimos días, los ataques se han centrado en instalaciones militares, centros de mando y, especialmente, en infraestructuras vinculadas a la producción y lanzamiento de misiles. De acuerdo con análisis militares, cientos de lanzadores ya habrían sido destruidos durante la campaña aérea inicial, lo que ha reducido significativamente la capacidad iraní de lanzar salvas masivas contra Israel y bases estadounidenses en la región. Sin embargo, el país sigue disponiendo de un amplio arsenal y de instalaciones subterráneas diseñadas para resistir bombardeos, lo que complica la neutralización total de su programa.
Estas instalaciones, conocidas como “ciudades de misiles”, se encuentran excavadas a gran profundidad en montañas y repartidas por diversas provincias del país. En ellas se almacenan y preparan misiles balísticos y de crucero que pueden ser lanzados con rapidez incluso bajo ataque enemigo. Analistas militares señalan que estas bases subterráneas forman parte de la estrategia de disuasión iraní frente a Estados Unidos e Israel, ya que permiten mantener la capacidad de respuesta incluso tras bombardeos intensivos.
Mientras tanto, los combates ya han provocado graves daños en varias ciudades iraníes. Teherán ha sufrido algunos de los ataques más intensos desde el inicio de la guerra, con explosiones en zonas estratégicas y objetivos militares. Las operaciones aéreas se han extendido también a otras ciudades como Isfahán o Shiraz, lo que refleja el alcance nacional de la campaña.
Estados Unidos ha desplegado una amplia fuerza militar en la región para sostener la ofensiva. Entre los medios utilizados se encuentran bombarderos furtivos B-2 capaces de penetrar defensas aéreas avanzadas y destruir instalaciones fortificadas, además de nuevos misiles de alta precisión lanzados desde sistemas HIMARS. Estas armas están diseñadas para atacar objetivos estratégicos con gran exactitud y a larga distancia, permitiendo golpear instalaciones críticas sin necesidad de desplegar tropas en territorio iraní.
A pesar de los avances militares, el conflicto continúa escalando. Irán ha respondido con ataques de misiles y drones contra objetivos vinculados a Estados Unidos en varios países de la región, lo que ha ampliado el alcance geográfico de la confrontación. Los analistas advierten de que la destrucción de la industria de misiles iraní podría ser un punto decisivo en la guerra, pero también alertan de que el país ha preparado durante años infraestructuras ocultas que podrían permitirle continuar la lucha durante un largo periodo.





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