Hezbolá, la milicia chií libanesa respaldada por Irán , anunció este miércoles el inicio de la denominada “Operación Al‑Asf al‑Ma’kul” —trad...
Hezbolá, la milicia chií libanesa respaldada por Irán, anunció este miércoles el inicio de la denominada “Operación Al‑Asf al‑Ma’kul” —traducida como El viento devorador— y lo acompañó con una de las mayores salvas de cohetes dirigidos hacia territorio israelí desde la frontera norte del país. Según medios regionales y reportes de agencias, la declaración de la organización marcó una nueva fase de enfrentamientos en medio de una guerra que se ha intensificado en las últimas semanas tras la ruptura del alto el fuego entre Israel y fuerzas aliadas de Irán.
El comunicado de Hezbolá, que incluyó referencias religiosas y texto retórico comparando su ofensiva con “un enjambre de langostas devoradoras”, fue difundido en paralelo a lo que medios como Agencia AJN describieron como una de las mayores andanadas de cohetes contra el norte de Israel hasta la fecha. Las sirenas de alerta antiaérea sonaron en ciudades como Haifa y amplias áreas de Galilea, obligando a civiles a buscar refugio ante el lanzamiento de decenas de proyectiles.
Los cohetes, que las autoridades israelíes afirmaron que eran más de cien en la oleada inicial, cayeron en zonas abiertas y en áreas cercanas a enclaves sensibles, como las inmediaciones de Beit Shemesh en la región central del país. Informes locales indicaron impactos en zonas no urbanas; las alarmas de defensa y los sistemas antimisiles interceptaron varias amenazas, aunque algunas alcanzaron el suelo israelí sin causar daños significativos en esta fase preliminar.
Este movimiento de Hezbolá se produce en el contexto de un conflicto que se reavivó a principios de marzo de 2026, tras varios meses de tensiones latentes desde el rompimiento del alto el fuego que había estado vigente desde finales de 2024. Las hostilidades se intensificaron después de que Israel y Estados Unidos llevaran a cabo un ataque contra Irán, en el que murió el líder supremo iraní Alí Jamenei, detonando condenas y respuestas simbólicas de grupos aliados como Hezbolá.
La nueva operación, reivindicada por la milicia libanesa como un acto de “resistencia” y presentada con un lenguaje cargado de referencias religiosas, sugiere que el grupo pretende magnificar su acción como un acto no solo militar sino también espiritual en contra de lo que considera agresiones israelíes y occidentales. Más allá del simbolismo, el impacto práctico fue una intensa lluvia de cohetes que, según fuentes locales, obligó a que el Comando del Frente Interno de las Fuerzas de Defensa de Israel exhortara a la población en las zonas norte y central a permanecer en zonas protegidas y refugios antiaéreos mientras duraban las alertas.
La respuesta israelí no se hizo esperar: fuerzas israelíes realizaron nuevos bombardeos contra posiciones atribuidas a Hezbolá en el sur del Líbano y en suburbios de Beirut considerados bastiones del grupo. Los oficiales de defensa israelíes afirmaron que continuarán atacando supuestas “infraestructuras terroristas” y depósitos de armas para neutralizar la amenaza a la seguridad del país.
Este episodio agrava aún más un conflicto que ha provocado desplazamientos de civiles, destrucción de infraestructura y un clima de inseguridad constante en la frontera norte de Israel y en el sur del Líbano, donde la población civil se enfrenta tanto al fuego cruzado como a los efectos de una guerra que no muestra señales de desescalada inmediata.





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