El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araqchi , afirmó este domingo que el estrecho de Ormuz permanecerá abierto a la navegación...
El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, afirmó este domingo que el estrecho de Ormuz permanecerá abierto a la navegación internacional, aunque advirtió de que Estados Unidos, Israel y los países que respalden sus operaciones militares no podrán utilizar esta estratégica vía marítima. La declaración llega en medio de una grave escalada de tensiones en Oriente Próximo y en un contexto de enfrentamientos directos entre Teherán, Washington y Tel Aviv.
Araqchi defendió que Irán no pretende bloquear completamente el tránsito por el estrecho, uno de los puntos clave para el comercio energético mundial, pero sí reservarse el derecho de impedir el paso a las naciones que considera responsables de la ofensiva militar contra su territorio. Según el jefe de la diplomacia iraní, la actual guerra “ha sido impuesta” a Irán y el país se limita a ejercer su derecho a la defensa frente a lo que calificó como ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra infraestructuras y objetivos dentro de la república islámica.
Las palabras del ministro se producen en un momento en el que el estrecho de Ormuz se ha convertido en el principal foco de tensión del conflicto. Este paso marítimo, situado entre Irán y Omán, es una de las rutas más importantes para el transporte de petróleo y gas del mundo. Aproximadamente una quinta parte del crudo global transita por estas aguas, lo que convierte cualquier alteración del tráfico en un factor con fuerte impacto en los mercados energéticos internacionales.
En las últimas semanas se han registrado ataques contra buques mercantes y petroleros en la zona, lo que ha provocado que numerosas compañías navieras eviten atravesar el estrecho por temor a nuevos incidentes. Según diversas informaciones, al menos una decena de embarcaciones han sido atacadas o dañadas desde el inicio de las hostilidades, lo que ha agravado la incertidumbre en el comercio marítimo y ha contribuido a la subida del precio del petróleo y de los costes del transporte internacional.
Desde Teherán sostienen que la situación actual es consecuencia directa de la ofensiva lanzada por Estados Unidos e Israel contra instalaciones iraníes, incluidas infraestructuras energéticas y objetivos militares. Araqchi ha acusado a ambos países de atacar zonas civiles como hospitales, escuelas y áreas residenciales, además de instalaciones clave para el suministro de energía.
Mientras tanto, Estados Unidos ha planteado la posibilidad de organizar una misión naval internacional para garantizar la seguridad de la navegación en el estrecho de Ormuz y proteger a los buques comerciales. La iniciativa busca asegurar el flujo de petróleo y evitar un bloqueo prolongado de esta vía estratégica, aunque la propuesta aún no cuenta con un calendario definido ni con la participación confirmada de todos los países aliados.
El conflicto ha provocado además un aumento de la tensión en toda la región del Golfo Pérsico y ha generado preocupación por una posible expansión de la guerra a otros países de Oriente Próximo. Analistas y gobiernos temen que cualquier intento de restringir el tránsito por Ormuz pueda desencadenar enfrentamientos navales directos y provocar un impacto económico global, especialmente en el mercado energético.
Con sus últimas declaraciones, el Gobierno iraní intenta mostrar que no busca un cierre total del estrecho, pero al mismo tiempo envía un mensaje político y estratégico a sus adversarios. Al permitir el paso a la mayoría de los países y restringirlo únicamente a sus enemigos, Teherán busca presionar a Estados Unidos y a Israel mientras mantiene abierta una vía de comercio vital para el resto del mundo.





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