La escalada entre Estados Unidos e Irán ha alcanzado un nuevo pico de tensión en el undécimo día del conflicto armado que sacude Oriente Med...
La escalada entre Estados Unidos e Irán ha alcanzado un nuevo pico de tensión en el undécimo día del conflicto armado que sacude Oriente Medio. El presidente Donald Trump ha intensificado sus advertencias contra Teherán, prometiendo golpear "veinte veces más fuerte" si el régimen persiste en bloquear el estrecho de Ormuz, una vía marítima crítica por la que transita alrededor del 20% del petróleo y gas natural licuado que se consume en el mundo.
Trump, en publicaciones en su plataforma Truth Social, describió las posibles acciones iraníes como una provocación que desencadenaría "muerte, fuego y furia" por parte de Estados Unidos. El mandatario minimizó el impacto económico temporal del alza en los precios del crudo —que han oscilado entre picos cercanos a los 120 dólares por barril y retrocesos posteriores—, argumentando que se trata de un "pequeño precio" a pagar por eliminar la amenaza nuclear y de misiles balísticos de Irán. Según el Pentágono, este martes se ha registrado el día más intenso de ataques aéreos estadounidenses contra objetivos iraníes, con un despliegue masivo de cazas y bombarderos destinado a destruir instalaciones de misiles, drones y bases de la Guardia Revolucionaria.
En respuesta, Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán y una de las figuras más influyentes del régimen, rechazó las declaraciones de Trump como "amenazas vacías". En una publicación en la red social X, Larijani afirmó que "Irán no teme a sus amenazas vacías". Recordó que potencias mayores que Estados Unidos han intentado en el pasado doblegar o eliminar a la nación iraní y han fracasado rotundamente. En un tono desafiante y directo, concluyó con una advertencia personal: "¡Cuidado de no ser eliminado!".
Este intercambio verbal se produce en medio de un conflicto que comenzó el 28 de febrero con ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán, que incluyeron la eliminación del anterior líder supremo, Alí Jamenei. Desde entonces, la guerra se ha extendido a múltiples frentes: bombardeos en Teherán y otras ciudades iraníes, ataques con drones y misiles contra bases estadounidenses en el Golfo, Israel y países aliados como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Bahréin. Irán ha respondido con oleadas de misiles y drones, y ha mantenido el cierre efectivo del estrecho de Ormuz, donde el tráfico marítimo ha caído hasta un 95% en las últimas semanas, provocando disrupciones históricas en el suministro global de energía.
El bloqueo ha disparado los precios del petróleo y generado pánico en los mercados, aunque Trump insiste en que la operación será de corta duración —un "excursión a corto plazo"— y que Irán está "perdiendo gravemente" y aislado. Por su parte, Teherán, bajo el nuevo liderazgo de Mojtaba Jamenei (hijo del fallecido guía supremo), ha jurado no ceder y ha prometido que no permitirá la exportación de "ni un litro de petróleo" de la región hasta que cesen los ataques. La Guardia Revolucionaria ha declarado que será Irán quien determine el fin de la guerra, no Washington ni sus aliados.
La comunidad internacional observa con alarma: líderes como Emmanuel Macron exigen la reapertura del estrecho, mientras el G7 prepara la liberación de reservas estratégicas para mitigar el impacto económico. Con decenas de muertos reportados en ambos bandos, ataques continuos y retórica cada vez más personal, el riesgo de una escalada mayor —incluyendo posibles acciones directas contra el tráfico marítimo o contra figuras clave— mantiene al mundo en vilo.





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