Un nuevo estudio del Observatorio de la Diáspora Venezolana ha dejado en evidencia una tendencia preocupante para el futuro de Venezuela: a...
Un nuevo estudio del Observatorio de la Diáspora Venezolana ha dejado en evidencia una tendencia preocupante para el futuro de Venezuela: apenas el 11,4 % de los venezolanos residentes en el extranjero planea regresar al país en el corto plazo, incluso tras el colapso del régimen de Nicolás Maduro y los cambios políticos recientes, según datos del “Estudio sobre Percepción, Integración y Retorno de la Diáspora Venezolana” correspondiente a febrero de 2026.
Los resultados de la investigación —que encuestó a más de mil ciudadanos venezolanos mayores de 18 años radicados en distintos países— muestran que una parte considerable de la diáspora mantiene fuertes lazos con sus nuevos lugares de residencia y ha construido allí vidas estables, con empleo, educación para sus hijos y redes sociales y familiares consolidadas. Un 57 % de los encuestados indicó sentirse “completamente integrado” en su país de acogida, mientras que otro 32 % se considera “medianamente integrado”.
El retorno a Venezuela, por tanto, sigue siendo una decisión que solo una minoría contempla con firmeza a corto plazo. De hecho, más de cuatro de cada diez entrevistados —el 44,5 %— aseguró que consideraría regresar únicamente si se produjeran mejoras significativas en aspectos clave como la seguridad, la estabilidad política, la economía, las oportunidades laborales y el funcionamiento de los servicios públicos. Este grupo representa a quienes mantienen esperanza, pero condicionan su retorno a cambios estructurales profundos que, por ahora, parecen lejanos incluso tras la caída del anterior régimen.
Otro segmento de la diáspora, un 19,3 %, manifestó su intención de permanecer en el extranjero sin planes inmediatos de retorno. Esta tendencia refleja que para muchos migrantes la vida fuera de Venezuela ya no representa una etapa temporal, sino una realidad consolidada en la que han echado raíces personales y profesionales.
Un factor clave que destaca el estudio es que la integración en los países de acogida influye de manera determinante en la decisión sobre el retorno. Muchos venezolanos han formado familias en el exterior, con hijos nacidos fuera del país, y han logrado establecer niveles de estabilidad económica que reducen la urgencia de volver, incluso si existieran mejoras en las condiciones de vida en Venezuela. Según Julieta Casó, psicóloga social y directiva del ODV, el retorno es “otra migración más” para quienes ya han armado una vida fuera y no una simple vuelta al pasado.
Además, factores como la seguridad personal y familiar y el acceso a derechos fundamentales se destacan como elementos fundamentales para considerar un eventual regreso. Muchos migrantes señalan que no basta con cambios políticos, sino que se necesitan condiciones de vida que garanticen estabilidad y protección.
A pesar de estos datos, no todo el panorama es de rechazo absoluto al retorno. Un 9,6 % manifestó que considera posible el regreso, pero no de forma inmediata, lo que deja abierto un pequeño margen para que, en un futuro más lejano o condicionado a transformaciones concretas, un número mayor de venezolanos pueda volver a su país.
En conjunto, estos resultados sugieren que, aunque la caída del régimen de Maduro podría haber generado expectativas de retorno, el proceso de reconstrucción sociopolítica y económica de Venezuela será largo —y que muchos de los que se marcharon han comenzado a construir vida fuera de su país de origen. Las mejoras internas, por tanto, no bastan por sí solas; el reto para atraer de vuelta a la diáspora implica generar no solo cambios estructurales, sino también certezas tangibles sobre el futuro del país.





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